Este 10 de mayo, mientras miles de familias se preparan para celebrar el Día de las Madres con reuniones, regalos y convivencias, hay mujeres que vivirán la fecha en circunstancias distintas.
Para muchas de ellas la jornada transcurrirá en las salas de espera de hospitales, pendientes de la salud de un hijo, una madre, una pareja o algún familiar cercano.
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En estos espacios el tiempo suele avanzar de manera diferente. Las horas se miden entre reportes médicos, llamadas telefónicas y momentos de incertidumbre.
Lejos de festejos, estas madres priorizan la atención y el acompañamiento de sus seres queridos, colocando su bienestar por encima de cualquier celebración.
Tania aguarda desde el Niño Poblano por la salud de su hijo de 4 años
Tal es el caso de Tania, quien acudió al hospital del Niño Poblano para agendar cita para su pequeño de solo 4 años y quien necesita una cirugía en su corazón.
“Es difícil, pero es como si fuera otro regalo. El año pasado operaron a mi hijo y afortunadamente salió bien y ese fue mi regalo, tener a mi hijo bien”, expresó.
La maternidad en este contexto se manifiesta a través de la paciencia, la fortaleza y la esperanza.
La espera se convierte en un acto cotidiano de amor donde cada noticia favorable representa un motivo de alivio, y cada avance en la salud se percibe como el mejor regalo posible.
Aunque el Día de las Madres suele asociarse con celebraciones y convivencia, esta realidad recuerda que la fecha también puede vivirse desde la resiliencia.
Entre flores, veladoras y recuerdos, familias visitan a sus madres en el panteón municipal
A unos días de la celebración del Día de las Madres, el panteón municipal comenzó a llenarse de flores, veladoras y recuerdos.
Desde temprana hora decenas de familias acudieron al camposanto para limpiar y arreglar las tumbas de sus seres queridos, especialmente de aquellas mujeres que dejaron una huella imborrable en sus hogares.
Algunas personas colocaron ramos coloridos y encendieron veladoras como símbolo de amor; otras más permanecieron largos minutos sentadas junto a las lápidas, escuchando música que en vida disfrutaban sus madres y abuelas, mientras recordaban anécdotas y momentos felices.
Ángeles Ordóñez compartió para TELEDIARIO Puebla que cada visita representa una forma de mantener vivo el amor hacia sus familiares, explicando que acudieron a visitar a sus abuelitas y a la mamá de su esposo.
“Venimos continuamente, no solo el 10 de mayo. Venimos con mucho amor a felicitar a las madrecitas y a recordarlas más que nada con mucho cariño”, expresó mientras acomodaba flores y limpiaba la tumba familiar.
Conmovida, recordó especialmente a su abuela, quien prácticamente asumió el papel de madre durante su infancia debido a que su mamá trabajaba. Señaló que ambas mujeres dejaron importantes enseñanzas que hoy busca transmitir a sus hijos.
“Mi abuelita para mí fue mi madre también porque mi mamá trabajaba y mi abuela se quedaba con nosotros. Para mí fue una gran abuela y mi mamá fue lo máximo; aprendimos de ellas a cuidar a los hijos, a rendir el dinero y a seguir su ejemplo con el amor que siempre nos dieron”, relató.
Por su parte, Isabel Caballero relató que en su familia las visitas al panteón se han convertido en una tradición que buscan heredar a sus hijos, no solo como un acto de recuerdo, sino también de unión familiar.
“Les rezamos, les ponemos canciones y tratamos de venir en familia. Queremos que esto sea una tradición y una costumbre para nuestros hijos. Nos sentimos bendecidos de poder reunirnos y apoyarnos unos a otros en estos momentos”, señaló.
Comentó que en el lugar descansan varias generaciones de mujeres que marcaron profundamente a su familia, por lo que cada visita se convierte en un recorrido lleno de memorias y emociones.
EG