Después de una odisea marcada por la incertidumbre, el dolor y la persistencia institucional, la familia Soto Gurrola finalmente pudo dar cristiana sepultura a Isaías, un joven originario de Durango que permaneció desaparecido durante seis años tras haber partido hacia los campos agrícolas de Zacatecas.
Fue el pasado lunes 30 de marzo cuando la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas (FGJEZ) entregó los restos a sus familiares, un logro alcanzado con el acompañamiento del colectivo Madres Buscadoras de Durango.
Le dan el último adiós tras años de incertidumbre
Isaías fue velado y sepultado en su natal Mezquital, el mismo municipio desde donde salió con la esperanza de trabajar en los cultivos de tomate en Villa de Cos, sin saber que ese viaje terminaría en tragedia.
Brenda Mireya, sobrina del joven, compartió para MILENIO el sentimiento de la familia tras el servicio fúnebre: “Fue una ceremonia familiar. A pesar del dolor, ya podrá descansar en paz, tener una cristiana sepultura y también da esperanza a otras familias para que encuentren a sus desaparecidos”, declaró.
Una cadena de omisiones
El caso de Isaías no solo es el relato de una ausencia, sino el de una grave falla en los protocolos de identificación. Aunque su cuerpo fue localizado el 16 de noviembre de 2020 —apenas ocho días después de su desaparición— y portaba su credencial de elector, las autoridades zacatecanas nunca notificaron a sus homólogas en Durango, a pesar de existir una ficha de búsqueda activa.
Al no ser reclamado oficialmente en aquel momento, el cuerpo fue enviado a una fosa común en el panteón forense de Fresnillo. “No había tranquilidad. Sabíamos que algo no estaba bien, pero no nos decían nada claro”, relataron sus familiares sobre esos años de silencio.
En 2025, la esperanza surgió para luego desmoronarse cruelmente. Al acercarse a la fiscalía zacatecana, les mostraron evidencias gráficas contundentes: fotografías del rostro, manos y la identificación oficial.
“Nos dijeron que todo empataba, que solo faltaba la prueba de ADN para hacer la entrega. Nos regresamos a Durango esperando la fecha de exhumación, pero después nos marcaron para decir que no había coincidencia”, recordó la familia.
Ante la contradicción, los allegados sospecharon de un manejo administrativo deficiente: “Nosotros pensamos que se les perdió el registro, que no supieron dónde pusieron los restos. Hicimos la identificación plena, todo coincidía”.
El regreso a la tierra del Mezquital
Isaías tenía 20 años cuando fue privado de su libertad por un grupo armado en la comunidad de Chaparrosa. Su sobrina recuerda aquel fatídico 8 de noviembre de 2020: “Se llevaron a cinco jóvenes, entre ellos a mi tío. Más tarde regresaron cuatro, solo faltó él”.
Hoy, tras enfrentar costos de traslado y trabas burocráticas, Isaías descansa en su tierra. Su familia cierra un ciclo de seis años de búsqueda y miedo.
“Fuimos con la ilusión de trabajar un tiempo y regresar con un sustento. No sabíamos que una tragedia nos marcaría de por vida”, concluyó su sobrina, reafirmando que, pese a la negligencia institucional, Isaías finalmente ha vuelto a casa.