Con el Miércoles de Ceniza, la Iglesia católica dio inicio a la Cuaresma 2026, un período de cuarenta días dedicado a la reflexión, el arrepentimiento y la preparación espiritual rumbo a la Semana Santa, que este año se vivirá del domingo 29 de marzo al domingo 5 de abril.
Desde muy temprano, los templos y parroquias en Puebla registraron una importante afluencia de fieles que acudieron para participar en las celebraciones litúrgicas y recibir la tradicional cruz de ceniza en la frente, un acto que simboliza la fragilidad humana y el llamado a la conversión.
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En distintos recintos religiosos, además de las misas programadas, se colocaron recipientes con ceniza en puntos estratégicos para facilitar que los creyentes pudieran acercarse a imponérsela. Esta medida permitió que quienes no alcanzaron a ingresar a las ceremonias o acudieron en horarios intermedios mantuvieran viva la práctica religiosa.
En el marco del inicio de la Cuaresma, el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, subrayó que este período representa “un tiempo de preparación espiritual, pero también un tiempo estrictamente penitencial”.
Explicó que, a diferencia de otras etapas del calendario litúrgico, la Cuaresma se caracteriza por un ambiente de mayor austeridad y recogimiento, visible en diversos signos dentro de las celebraciones religiosas.
El jerarca católico detalló que durante estas semanas las vestiduras litúrgicas adoptan el color morado, se suspenden expresiones festivas como el Gloria y el Aleluya, y se evita la colocación de arreglos florales en los templos.
Estas prácticas, señaló, reflejan el sentido de sobriedad propio de la temporada, cuyo objetivo es preparar a los fieles para las celebraciones centrales de la fe cristiana: la Pascua. “Desde el principio, la Palabra de Dios nos invita a la conversión”, enfatizó.
Sánchez Espinosa llamó a los creyentes a realizar un ejercicio de introspección, recordando que cada persona conoce su vida, su corazón y su interior. “Este es un tiempo de gracia que la Iglesia nos ofrece para acercarnos más a Dios, con ayunos, con lágrimas y con un corazón limpio”, expresó.
Asimismo, explicó que la imposición de la ceniza, característica del Miércoles de Ceniza, constituye un signo externo que simboliza el deseo interno de cambio y renovación.
Añadió que la práctica cuaresmal incluye el ayuno, la abstinencia, la vida de oración, la participación en los sacramentos y la realización de obras buenas, como medios para fortalecer la vida espiritual y fomentar una convivencia más solidaria entre los fieles.
Para muchos creyentes, recibir la ceniza no solo representa el cumplimiento de una costumbre religiosa, sino también un recordatorio de renovación personal y compromiso con la fe al inicio de la Cuaresma.
AGA