Hace ocho años, Paola Pavón, detectó que dentro de la esfera cultural literaria de Monterrey, existían prejuicios y exclusión para los jóvenes que se acercaban a ella, por lo tanto, junto a sus amigas decidieron crear: “La Hermana de Shakespeare”, un espacio de exposición artística donde no existiera esta marginación.
En entrevista para Telediario Monterrey, tres de los siete integrantes del actual equipo, Paola Pavón, Uriel Moreno y Regina García, dialogaron sobre los retos a los que se enfrenta la cultura en una metrópoli que prioriza la productividad industrial por encima de la sensibilidad humana.
Los inicios de La Hermana de Shakespeare
El origen del colectivo se remonta a una necesidad compartida: el deseo de construir un punto de encuentro donde amigos, compañeros y creadores emergentes pudieran consumir lo que estaban produciendo artísticamente, sin importar los formatos.
“El nombre proviene del ensayo Una habitación propia de Virginia Woolf, específicamente en el fragmento donde ella habla de qué habría pasado si Shakespeare hubiera tenido una hermana con su mismo talento, ahí expone que tal vez no hubiera tenido las mismas posibilidades que él”, explicó Pavón sobre el concepto que busca, precisamente, otorgar ese lugar de expresión negado históricamente a las voces sin antecedentes.
La gestión de un espacio independiente
Mantener una iniciativa cultural independiente durante casi una década no es una tarea sencilla. El "detrás de escena" de cada evento requiere de detallada organización, que el público asistente pocas veces alcanza a percibir.
Uriel Moreno, parte del equipo de coordinación, señala que el cansancio es un factor constante con el que luchan, ya que la mayoría de los integrantes sigue estudiando o cuenta con empleos de tiempo completo fuera del colectivo.
“Usualmente necesitamos mucho tiempo de preparación y mucho tiempo de planeación. Porque lo que más nos pesa o lo que más batallamos luego son los tiempos”, comentó.
Sin embargo, el cansancio vale la pena ante el sentido de servicio que tienen hacia la comunidad de creadores:
“Nosotros siempre tratamos de ayudarlos, de ofrecerles lo más que podamos, de ofrecerles el mejor espacio posible”, añade Paola.
Esta calidez comunitaria se sostiene gracias a una estructura que evita las jerarquías corporativas convencionales. Los siete integrantes actuales, donde también participan Daniela Martínez, Ricardo Hernández, Patricia Guevara e Iris Martínez, funcionan como comodines y se encargan por igual de las mismas tareas operativas y logísticas.
Para proteger la integridad del colectivo, el equipo ha tenido que tomar decisiones logísticas complejas, tales como la implementación de cuotas de recuperación en las entradas para costear el equipo técnico y los recintos, todo esto para que la gente siga contando con un espacio de calidad al que pueda regresar.
Poesía frente a la ciudad: Sanar las infancias
Un dato sorpresivo es que la mayoría de la gente que asiste a los eventos son personas de facultades de ingeniería, arquitectura, contaduría, etc., resaltando la necesidad de espacios como este.
Dentro de esta línea, Regina García reflexiona sobre cómo el propio entorno urbano empuja a la creación poética, donde nadie queda excluido de la misma cotidianidad.
“Viendo como esa hostilidad que vivimos todos los días, desde el aire, desde el ruido, o sea, ahí es donde nace la poesía”.
Es un sentimiento compartido por Moreno, quien define el acto de leer en voz alta frente a extraños es en sí mismo, un acto de resistencia.
“Es hablar en una ciudad que te quiere callar”, afirmó.
Muestra de esta resistencia fue el reciente evento del pasado sábado 2 de mayo, una velada donde la cafetería Pareidolia se transformó en un espacio de sanación.
Bajo la temática de las infancias y la nostalgia, las voces compartieron una sensibilidad que rara vez es vista. En esta edición especial, los asistentes utilizaron la palabra para apelar a la nostalgia y reclamar la identidad.
A pesar de las dificultades financieras y la constante exclusión, La Hermana de Shakespeare sigue latiendo como un archivo vivo de la sensibilidad poética de las voces jóvenes de Monterrey.
Por ahora, el colectivo invita a sus próximos encuentros: un micrófono abierto el próximo 30 de mayo en Camaleónico Café y su esperada edición grande el 11 de julio, de la que estarán compartiendo más detalles en su Instagram.
Escrito por Hannia García