Si llenar el álbum del mundial te parece una tarea sumamente difícil de lograr, te presentamos a Enrique Solorio, un aficionado del futbol, coleccionista y estratega digital que vive en Zapopan, Jalisco. Su gran hazaña ha sido consolidar una colección de jersey que abarca a las 211 naciones afiliadas a la FIFA, tras una búsqueda que se extendió por más de dos décadas.
Comenzó con su proyecto en 1999 y se ha convertido en un referente de gestión y perseverancia, sumando actualmente 245 piezas que incluyen territorios no reconocidos y naciones con escasa presencia futbolística.
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Esta hazaña documental no solo registra uniformes, sino la historia política y tecnológica del deporte más popular del mundo.
¿Cuándo comenzó a coleccionar jersey de equipos del futbol?
La historia comenzó con la adquisición de una camiseta de la selección de Argentina, inspirada en el equipo del Mundial de Francia 1998.
"En 1999 compré mi primer jersey... me gustó mucho esa selección del 98 con Batistuta, la 'Bruja' Verón, el 'Burrito' Ortega", relata Solorio sobre el inicio de su pasión.
Tras sumar la indumentaria de Portugal, se planteó el ambicioso objetivo de poseer un jersey de cada país afiliado a la federación internacional.
Lo que parecía un pasatiempo se transformó en un reto logístico que requirió monitorear sitios especializados en Reino Unido y Francia, así como establecer redes de contacto en diversos continentes.
¿Qué tan difícil ha sido hacer la colección de los 211 países?
Conseguir los uniformes de naciones con conflictos internos o sin tiendas oficiales representó el mayor obstáculo. Para obtener la indumentaria de Sudán, Solorio tuvo que contactar directamente al director técnico de la selección nacional a través de WhatsApp, tras una cadena de contactos que involucró a periodistas en Argentina y federativos en Egipto y Argelia.
"Le mostré la colección, le dije que era la única que me faltaba y le solicité el apoyo; sí, la verdad es que fue muy amable", explica el coleccionista, quien incluso realizó el pago mediante plataformas digitales para asegurar el envío desde una zona con toque de queda.
Uno de los más complicados de conseguir fue el jersey del Vaticano, dentro de su archivo destaca una pieza del museo de dicho país, por lo que es considerada extremadamente poco común y con detalles estéticos únicos que la distinguen de las federaciones tradicionales.
La colección de jerseys de Solorio también funciona como un catálogo de la evolución industrial del deporte.
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El coleccionista destaca que existe una diferencia abismal entre las telas de finales de los años 90 y las actuales.
"La tecnología sí ha impactado muchísimo en la hechura, en los diseños y a su vez también en el costo", señala al comparar piezas de 1998 con ediciones modernas. Asimismo, advierte sobre el avance de la piratería, un fenómeno que no era tan común ni sofisticado cuando inició su búsqueda hace veinte años.
Detalle curioso: mensajes ocultos en las fibras del jersey
Existen uniformes en su colección que guardan secretos para los aficionados más observadores:
- Irlanda: Incluye código Morse en la manga.
- Haití: Tiene el mapa del país tejido en el reverso.
- Grecia y Eslovenia: Han impreso sus himnos nacionales en las telas.
Actualmente, las piezas se encuentran organizadas meticulosamente en cajas plásticas por continentes y confederaciones. Solorio ha extendido este esfuerzo al entorno digital mediante su proyecto 'Un jersey por país', donde comparte la historia, cultura y tradiciones detrás de cada nación representada en su colección.
Para el habitante de Zapopan, este logro representa vivir el fútbol de una manera distinta: "Es una emoción muy difícil de describir... es vivir el mundial de una manera diferente".
SO