La crisis ambiental en la cuenca del Río Santiago ha alcanzado una dimensión que trasciende las enfermedades crónicas visibles; ahora, la ciencia confirma que la toxicidad del agua está alterando la esencia misma de la vida: el ADN.
Investigadores de la Universidad de Guadalajara (UDG) han revelado que la exposición prolongada a este ecosistema contaminado está provocando rupturas en el material genético de los habitantes de las comunidades ribereñas, generando mutaciones que podrían ser heredadas por las futuras generaciones.
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¿Cómo es que la contaminación del Río Santiago afecta al ADN?
El estudio, liderado por especialistas del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), empleó una técnica de vanguardia denominada "Cometa". Esta metodología permite visualizar de forma microscópica el nivel de fragmentación en las cadenas de ADN de las células expuestas.
Los resultados son alarmantes, pues evidencian no solo la presencia de metales pesados, sino una amalgama de químicos que incluye pesticidas, desechos municipales y conservadores industriales.
Al respecto, Carlos Álvarez Moya, investigador del CUCBA y figura clave en este estudio, destacó la complejidad de la mezcla tóxica encontrada en el cauce:
"Encontramos algunos lindanos, encontramos nuevos conservadores, por ejemplo, algunos pesticidas que se habían usado en pequeñas cantidades al principio, pero que ahora parece estar más fuerte el asunto".
Según el académico, esta combinación de sustancias genera reacciones químicas tan diversas que resulta prácticamente imposible evaluar el impacto de cada contaminante de manera aislada.
El daño genético descrito por los científicos no es menor. Los metales pesados actúan directamente sobre la estructura celular, provocando mutaciones puntuales como el intercambio de bases nitrogenadas.
Esto altera la expresión de los genes y, en consecuencia, la producción de proteínas vitales para el funcionamiento del organismo.
¿Qué consecuencias tienen los cambios en el ADN?
El impacto a largo plazo es una sombra que se cierne sobre la descendencia de los pobladores, ya que, como advierte Álvarez Moya, "cualquier tipo de gen que tenga alguna función en la salud obviamente puede alterarse y generar problemas en la descendencia".
Entre las consecuencias potenciales que advierte el estudio se encuentran un incremento en la tasa de enfermedades hereditarias y condiciones congénitas, tales como el síndrome de Down, síndrome de Turner, deficiencias enzimáticas y crónicos problemas digestivos.
Lo que comenzó como una crisis de saneamiento hídrico ha evolucionado hacia una emergencia de salud genética que pone en duda la viabilidad biológica de las comunidades que habitan en los márgenes de uno de los ríos más contaminados del país.
LG