La reducción de cuerpos de agua en León ya es visible incluso antes de que inicie plenamente la temporada de calor. Casos como la presa de Echeveste y el parque Chapalita muestran niveles cada vez más bajos, una situación que podría intensificarse en los próximos meses debido al crecimiento urbano desordenado y al aumento de temperaturas.
De acuerdo con René Eloy Mendoza Franco, presidente del Colegio de Ingenieros del Agua de Guanajuato, estos espacios dependen directamente del escurrimiento natural de las microcuencas, es decir, del agua que baja desde zonas altas tras las lluvias. Sin embargo, el avance de la mancha urbana ha alterado este proceso, impidiendo que el agua llegue a su destino.
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El especialista explicó que antes, el agua de lluvia se infiltraba en el suelo y alimentaba de forma natural presas, bordos y lagunas. Hoy, ese flujo ha cambiado: el concreto y el asfalto provocan que el agua corra por calles y drenajes, sin oportunidad de filtrarse, lo que acelera la desaparición de estos cuerpos.
¿Cómo te afecta y qué debes tomar en cuenta?
Esta situación no solo impacta al medio ambiente, también tiene efectos directos en la vida diaria. Al disminuir la infiltración, el agua de lluvia se desplaza con mayor velocidad, lo que incrementa el riesgo de inundaciones repentinas en vialidades y zonas habitacionales.
Ante este escenario, especialistas recomiendan tomar precauciones durante lluvias intensas, como evitar circular por calles con encharcamientos, mantenerse informado sobre zonas de riesgo y no intentar cruzar corrientes de agua, ya que la fuerza del flujo puede arrastrar vehículos.
Mendoza Franco advirtió que el origen del problema está en la falta de planeación urbana, ya que el crecimiento de la ciudad ha avanzado sin considerar el equilibrio hídrico. A esto se suma el aumento de temperaturas, que modifica los patrones de lluvia: pueden presentarse precipitaciones intensas pero breves o, en otros casos, las nubes simplemente no descargan en la zona.
Incluso cuando llueve, el beneficio es limitado. Las precipitaciones rápidas no alcanzan a infiltrarse y, al día siguiente, el calor se intensifica debido a la falta de áreas verdes, lo que agrava la sensación térmica y reduce aún más la disponibilidad de agua.
Aunque recuperar estos cuerpos de agua resulta cada vez más complicado por la urbanización existente, el especialista señaló que aún hay acciones que pueden ayudar a mitigar el problema, como el mantenimiento adecuado de drenajes y una mayor conciencia ciudadana sobre el manejo del agua y el entorno.