El pasado 5 de enero, se cumplen tres meses desde que Carlos Emilio Galván Valenzuela, un joven duranguense de 21 años, desapareció en el centro nocturno Terraza Valentinos de Mazatlán, y la angustia de su madre, Brenda Valenzuela Gil se traduce en una denuncia pública contra la inacción gubernamental.
A través de un emotivo mensaje en redes sociales, la madre afirmó que “Ningún día ha sido más fácil que el anterior” y sentenció que “La desaparición forzada no solo se lleva a una persona. Nos deja sin defensa, sin respuestas, sin suelo. Y mutila a toda una familia”.
- Policía
La súplica de la señora Valenzuela, quien se ha mantenido en Mazatlán desde la desaparición para no claudicar en la búsqueda, revela el profundo impacto de la ausencia, al declarar que las pertenencias de su hijo permanecen intactas.
“Sus cosas siguen aquí. Su espacio también. Su voz no. Así se aprende a vivir incompleta”.
A pesar del dolor, reitera que su esperanza en las autoridades se ha desvanecido, mientras que el sufrimiento se intensifica: “En tres meses no ha crecido mi fe en las autoridades. Ha crecido el cansancio. El miedo. La incertidumbre”.
La impunidad como silencio
La crítica de Brenda Valenzuela se centra en la forma en que las instancias de investigación han manejado el caso, lamentando que, a pesar de que “ha crecido el expediente” y “han crecido los protocolos”, su hijo “no ha vuelto”.
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Ella recordó a las autoridades que “Buscar en tiempo y forma no es un favor. Es una obligación del Estado”. Valenzuela ha expresado su frustración ante la lentitud, señalando que “Esto debió haberse atendido desde el primer día”.
La madre cuestiona la respuesta institucional que solo le asegura que “La investigación ‘sigue’, me dicen. Como si eso bastara. Como si un proceso administrativo pudiera reemplazar a un hijo”. Asimismo, lamentó que, mientras “La vida pública avanza” y “Los delitos siguen ocurriendo” en Sinaloa, “Las madres quedamos detenidas en el tiempo”.
El mensaje de Brenda Valenzuela concluye con una exigencia clara y directa a los captores y a las autoridades.
“No quiero más tiempo. No quiero más discursos. No quiero más palabras técnicas. Quiero a mi hijo de vuelta. Nada más. Nada menos”.
A pesar de los más de 90 días transcurridos, mantiene la promesa de no rendirse: “Carlos Emilio, tu nombre se dice todos los días. Y mientras lo pronuncie, no me voy a rendir. Hasta que vuelva a casa”.