Desde las primeras horas del día el Bulevar 5 de Mayo comenzó a transformarse en un punto de encuentro lleno de expectativa donde la misión era clara: conmemorar el 164 aniversario de la Batalla de Puebla, uno de los pocos eventos capaces de paralizar el corazón de la ciudad.
Poco a poco las banquetas se poblaron de familias que llegaron con tiempo suficiente para asegurar un buen lugar para presenciar el desfile cívico-militar de este 5 de mayo.
Las lonas improvisadas, sombrillas de colores y pequeñas sillas plegables dibujaron una larga fila a lo largo de la vialidad.
El sol apenas comenzaba a elevarse cuando ya se escuchaban risas, conversaciones de todo tipo y hasta el sonido de los primeros vendedores ambulantes que llegaron puntuales para recorrer la zona.
Más atrás, a la altura de Los Fuertes, ya se encontraba la presidenta Claudia Sheinbaum junto con una comitiva federal y el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta. Estado y Federación unidos para conmemorar una de las pocas batallas que México pudo ganar al ejército francés.
Música de las marching band y pulcritud militar se llevan las palmas en desfile del 5 de mayo en Puebla
Las porras escolares no tardaron en encender el ánimo. Con tambores, silbatos y carteles, estudiantes y familiares ensayaban consignas mientras buscaban con la mirada el punto exacto por donde pasarían sus contingentes.
Padres, madres y abuelos compartían anécdotas y recuerdos mientras aguardaban bajo el sol. Algunos llevaban refrigerios, otros repartían agua y dulces entre los más pequeños tratando de hacer más llevadera la espera.
Los asistentes también formaron parte del momento. Hubo gritos, lágrimas y personas que incluso se colgaron desde las azoteas para presenciar un pedazo de desfile, algo que les permitiera participar de alguna u otra forma.
Entre la multitud también destacaban familias de soldados y elementos de corporaciones de seguridad que participarían en el recorrido. Con teléfonos en mano permanecían atentos a cualquier movimiento que anunciara el inicio del desfile.
Cuando comenzaron a escucharse los primeros acordes el ambiente se llenó de entusiasmo con la llegada de las marching band de distintas escuelas.
Trompetas, tambores y coreografías sincronizadas arrancaron aplausos y marcaron el ritmo de un desfile que contó con participación por aire y tierra.
Minutos después, los contingentes militares avanzaron con paso firme y uniforme impecable, despertando muestras de respeto y orgullo entre los asistentes que se levantaron de sus lugares para observar su paso.
Fue así que la mañana se llenó de emoción, convivencia y tradición. Un recordatorio de que el desfile del 5 de mayo no solo es un acto conmemorativo, sino también una experiencia que reúne a familias y fortalece el sentido de comunidad.
EG