En una sociedad donde las apuestas digitales se han vuelto omnipresentes, la historia de Diego Zepeda surge como una advertencia necesaria y un mensaje de esperanza. Diego, originario de San Luis Potosí, se define a sí mismo como "Una persona resiliente, una persona que ha tenido momentos difíciles en su vida".
Su lucha no es contra una sustancia, sino contra una adicción "silenciosa" que, según sus propias palabras, no tiene cura, pero sí una salida a través del tratamiento constante: " Digo mi adicción, que es la ludopatía, porque es una adicción que es para toda la vida".
La historia de lucha y resiliencia de Diego Zepeda
El análisis de Zepeda comienza con la denuncia de una estructura diseñada para el "enganche" temprano. Lo que inicia como una actividad social en la etapa escolar, se convierte rápidamente en una trampa sistémica. Diego advierte sobre la peligrosidad de esta cronicidad:
" Digo mi adicción, que es la ludopatía, porque es una adicción que es para toda la vida. O sea, no tiene una cura, pero sí te puedo decir que llevo ya un tiempo tratando este problema y pues ya llevo varios años limpio", destacó.
Esta patología, según explica, se infiltra en la rutina de los jóvenes bajo la apariencia de una diversión inofensiva:
"Pero te vas dando cuenta con el tiempo que los mensos no son ellos, que al contrario te dan algo porque saben perfectamente que al final te van a enganchar y el que va a perder vas a ser tú", resaltó.
A medida que la adicción progresa, se produce un fenómeno de despersonalización. Diego describe cómo el juego sustituye las funciones vitales por una existencia mecánica centrada en la apuesta. El aislamiento no es solo físico, sino emocional y ético.
" Yo ya no vivía, yo existía por el juego, era lo único que me causaba emociones, apostaba cantidades que ya ni siquiera tenía. Empecé a aislarme de muchas personas, empecé a perder a mucha gente que quería y todo esto porque mi vida empezó a girar a raíz del juego y era lo único que importaba en ese momento", comentó.
Este proceso de degradación se alimenta de una necesidad biológica de estímulos cada vez mayores, donde el valor del dinero se anula frente a la búsqueda de dopamina. Zepeda es enfático en la insaciabilidad de la enfermedad:
"Sabes que yo creo que lo más triste de esta enfermedad es que nunca es suficiente. O sea, lo que antes para ti era, no sé, me emocionaba apostar 50 pesos, después 50 ya no sientes la emoción, necesitas más y cada vez más, más, más y más. Y yo lo he escuchado de un gran amigo que él dice, o sea, puedes tener todo este cuarto lleno de dinero, pero nunca va a ser suficiente", comentó.
La ludopatía, a menudo, es la manifestación externa de una patología subyacente. En el caso de Diego, el juego funcionaba como un paliativo. Esta urgencia lo llevó a situaciones complicadas.
"Mi desesperación era tanta la necesidad de seguir jugando que te podría platicar que a las 3, 4 de la mañana llegué a apostarle a carreras de perros galgos. O sea, hay unas cosas que no te explican. Literal, en un carril ponen dos perros y el que llegue primero gana", comentó.
La crisis culminó en un evento que Zepeda denomina su "fondo de verdad", un punto donde la ayuda externa ya no era suficiente si no iba acompañada de una consecuencia real. Este momento marcó la transición de la victimización a la responsabilidad.
Un poder superior que cambió el camino con esperanza
La recuperación de Diego no se limitó a la abstinencia, sino a una entrega de su voluntad a un poder superior, reconociendo la impotencia del ego frente a la adicción.
"Cuando yo entendí que la adicción era mucho más grande que yo fue cuando entendí que tenía que agarrarme de algo mucho más grande que la adicción y que Diego. Y fue donde caigo en cuenta por varias cosas, que yo lo llamo varios milagros que me pasaron en la vida, donde me tengo que agarrar de Dios, donde me tengo que agarrar de un poder superior", platicó.
Finalmente, su labor actual se centra en la prevención, alarmado por unas estadísticas que muestran a jóvenes " peor posicionadas" y con problemas más avanzados que los que él mismo enfrentó.
- Comunidad
Su mensaje de cierre es una invitación a romper el silencio que alimenta la patología y acercarse a pedir ayuda ya que siempre habrá alguien que te extenderá la mano.
" Lo que hoy tú ves como tu final, apenas va a ser tu nuevo comienzo. Yo quiero que se queden con eso, que no es tu final, que apenas va a empezar tu nuevo comienzo cuando aprendes a pedir ayuda y reconoces que hay un problema", resaltó.
mla