Para un bebé prematuro o con bajo peso, los primeros días de vida pueden marcar la diferencia. Necesita apoyo constante para funciones básicas como respirar, mantener su temperatura y alimentarse.
En este contexto, el programa Mamá Canguro, impulsado por la Secretaría de Salud, busca fortalecer su bienestar a través del contacto directo con sus padres.
En el Hospital Materno Infantil de Durango, este modelo se aplica como parte de la atención integral a recién nacidos en condición vulnerable.
La enfermera Dulce Herrera, encargada del programa, explicó que el proceso es tan simple como poderoso, el contacto piel a piel.
“La mamá o el papá se colocan al bebé directamente sobre su pecho, cerquita del corazón para que escuche el latido, que es lo que reconocía desde el vientre, empiezan a relajarse,y a estabilizar su respiración.
Su temperatura mejora mucho más que con una incubadora, y también hay una mejor absorción de nutrientes y medicamentos.
Porque tenemos un bebé tranquilo. Además, hay una estimulación completa, porque escucha la voz de su mamá o papá, percibe su olor”.
Factores de riesgo: El contexto detrás de cada nacimiento
Sin embargo, factores como la edad de la madre, su estado de salud y el lugar de origen influyen directamente en la salud del recién nacido.
En el hospital, según explicó la enfermera, es común que lleguen madres adolescentes o provenientes de comunidades indígenas, donde las condiciones de nutrición y acceso a servicios médicos pueden ser limitadas.
“Tenemos mucha incidencia de madres jóvenes, o que vienen de municipios lejanos, llegan con problemas de desnutrición y eso impacta directamente en el bebé, porque nacen con bajo peso o con más complicaciones.
Son focos rojos a los que debemos poner más atención, porque no es solo el bebé, es todo el contexto en el que viene. A veces regresan a sus comunidades y se nos dificulta el seguimiento, por eso es muy importante que se vayan con la mayor información posible”.
Ante este panorama, el programa no solo se enfoca en el bebé, sino también en la familia. Se brinda orientación para el cuidado en casa, enseñando a identificar signos de alerta como dificultad respiratoria, fiebre o problemas para alimentarse, con el objetivo de evitar complicaciones posteriores.
Participación familiar: El rol fundamental del padre
Otro de los aspectos que importantes, que enfatizó Herrera, es la participación del padre, quien ahora forma parte activa en el proceso de recuperación del recién nacido.
“Es bien importante que el papá se involucre. Hemos tenido casos donde se turnan, un día mamá, un día papá, y ambos participan en el canguro. El papá también puede cargarlo, darle ese calor, esa seguridad.
El vínculo que se genera es muy fuerte, porque el bebé reconoce su voz, su olor, su presencia. Además, es un apoyo fundamental para la mamá, porque muchas de ellas también trabajan o están en recuperación”.
- Comunidad
Más allá de ser un método médico, demuestra que el contacto, el cuidado y el vínculo familiar pueden marcar una diferencia en el crecimiento y desarrollo de los recién nacidos más vulnerables.
LV