Si observa con detenimiento la estatua de Benito Juárez en la glorieta de la 25 Sur, sobre la Avenida Juárez de Puebla, notará que algo no encaja con la imagen tradicional del expresidente mexicano.
Mientras que en monumentos como el del Parque Juárez se le representa con su característico saco largo, esta pieza luce un atuendo distinto y sostiene un bastón, un accesorio que el expresidente indígena no utilizaba de manera habitual.
Lo que durante años se alimentó como el mito de una estatua reciclada de Abraham Lincoln es, en realidad, el resultado de un astuto negocio de producción en serie que fusionó la identidad de dos hombres: el padre y el hijo.
1906: El año en que Juárez se volvió una mercancía patriótica
La historia de estas efigies comenzó en 1906, cuando el presidente Porfirio Díaz decretó el "Año de Juárez" para conmemorar el centenario del natalicio de su antiguo adversario.
Esta decisión política obligó a que cada rincón del país inaugurara una calle, plaza o jardín en honor al Benemérito de las Américas, generando una demanda masiva de monumentos que el empresario Othón Balcázar supo capitalizar.
Balcázar se trasladó a Estados Unidos para gestionar la fundición de las piezas, pero se enfrentó a un problema de derechos de imagen.
El único autorizado para validar los retratos del prócer era su hijo, Benito Juárez Maza, quien residía en territorio estadounidense y vivía cómodamente de la herencia simbólica de su apellido.
Lejos de la sobriedad de las leyes, Juárez Maza vestía a la moda norteamericana de la época.
Fue así como Balcázar le solicitó servir de modelo para la figura; el resultado final fue un "híbrido" de bronce: la cabeza de Benito Juárez colocada sobre el cuerpo y la vestimenta de su hijo.
Un catálogo de latón distribuido por todo México
Lejos de ser piezas únicas de arte, estos monumentos se vendieron como productos de catálogo durante el porfiriato.
Se ofrecían en tres medidas específicas, 1.25, 2.80 y 3.20 metros, además de versiones en busto o solo la cabeza, adaptándose al presupuesto de cada ayuntamiento.
Por ello, el mismo "Juárez" con bastón y traje extranjero se repite casi de forma idéntica en ciudades como Teziutlán, Oaxaca, Nuevo León y Coahuila.
Con el paso del tiempo, la calidad de estos monumentos también quedó bajo escrutinio. Aunque las facturas de la época los describían como "cobre galvanizado", las investigaciones posteriores revelaron que no eran más que simple latón.
Esta falta de valor artístico y material llevó a que varias localidades relegaran las piezas. Un caso emblemático es el de Cholula, donde la estatua fue retirada de la plaza principal y terminó arrumbada a nivel del suelo en el patio de "La Casa del Pueblo", evidenciando el desencanto con el Juárez que, en realidad, vestía como su hijo.
Puebla convierte el monumento a Juárez en un favorito para celebrar el futbol
Cada vez que un equipo gana un campeonato, o como en el caso del Mundial, se ganan partidos, cientos o miles de aficionados imitan los festejos que se realizan en la Ciudad de México, en este espacio de la ciudad de Puebla.
En la 25 Sur se reúnen los aficionados que gritan, aplauden y festejan la victoria de su equipo, esto no tiene nada que ver con Juárez, sin embargo, se ha convertido en el espacio ideal para juntarse a festejar en comunidad.
¿Has ido a festejar al monumento a Benito Juárez? ¿Sabías que esa estatua se la debemos a Porfirio Díaz? Comparte tus opiniones en nuestras redes sociales.
ERV