Con el aroma de las flores, el fulgor de las veladoras y la emoción reflejada en cada rostro, cientos de fieles se congregaron este 1 de julio en el Templo de Santa Mónica para honrar al Señor de las Maravillas, una de las imágenes más veneradas en Puebla.
Desde las primeras horas del día, los creyentes llegaron con un mismo propósito: agradecer los milagros recibidos, suplicar por la salud de los suyos y reafirmar su esperanza en medio de la oración colectiva.
La jornada religiosa tuvo como uno de sus momentos más conmovedores las tradicionales mandas. Decenas de devotos compartieron alimentos, dulces, juguetes y ofrendas como testimonio de su gratitud por los favores concedidos. Esos gestos de generosidad se entrelazaron con cánticos y plegarias que resonaron en el recinto, transformando la festividad en un verdadero encuentro de hermandad.
Entre las voces que dieron alma a la celebración, sobresalió la de Carmen Tepal, originaria de San Pablo del Monte, Tlaxcala. Con lágrimas en los ojos, relató que su peregrinación obedecía al cumplimiento de una promesa: agradecer la recuperación milagrosa de la vista de su esposo.
"Desde niña mi madre me traía aquí; esta devoción la llevo en la sangre", confesó, mientras recordaba las visitas anuales para encomendar a su familia.
La convocatoria trascendió fronteras municipales. Peregrinos de diversas regiones, como San Miguel Tenancingo, Tlaxcala, llegaron con cantos y rezos para renovar una tradición que, aseguran, ha sido heredada por generaciones.
Su presencia confirmó que la devoción al Señor de las Maravillas sigue siendo un lazo que une a las comunidades más allá de las distancias.
Con el templo a su máxima capacidad y un ambiente impregnado de recogimiento, la celebración dejó una vez más una enseñanza clara: la fe en esta imagen no solo perdura, sino que se fortalece año tras año.
Para los asistentes, esta fecha no es solo un acto religioso, sino una oportunidad para pedir fortaleza, dar gracias y mantener viva una herencia espiritual que trasciende el tiempo.
AGA