Durante la década de los 90s, Jungle Jim's Playland se convirtió en uno de los centros de entretenimiento infantil más populares entre las familias regiomontanas.
Con varias sucursales en Monterrey y su concepto temático inspirado en la selva, este sitio marcó la infancia de miles de niños que acudían a celebrar cumpleaños, jugar en las maquinitas y disfrutar de las atracciones mecánicas en un ambiente colorido y familiar.
Así era Jungle Jim's Playland en Monterrey
Su imagen era inconfundible: desde la entrada, los visitantes eran recibidos por la figura de Jim’s, un chimpancé sonriente que fungía como mascota oficial del lugar.
El personaje aparecía en los letreros, en la decoración interior y en el enorme anuncio de la fachada, reforzando la identidad visual de un espacio que buscaba ofrecer una experiencia inmersiva de aventura selvática.
En aquellos años, Jungle Jim’s era uno de los referentes del entretenimiento infantil en la ciudad, en una época en la que las opciones de diversión familiar eran más limitadas. El concepto era similar al de Chuck E. Cheese's: juegos arcade, premios por tickets, áreas temáticas y espacios para fiestas infantiles.
Para acceder a las atracciones, los visitantes intercambiaban dinero por fichas que activaban las máquinas; dependiendo del desempeño en los juegos, obtenían boletos que podían canjear por juguetes y premios al final de la visita.
La popularidad del lugar se mantuvo durante varios años, consolidando a Jungle Jim’s como uno de los favoritos de las familias en Monterrey y su zona metropolitana.
Sus instalaciones, ambientadas como una jungla, ofrecían una experiencia diferente a la de otros salones de juegos tradicionales, lo que le permitió posicionarse como un sitio emblemático para una generación de regiomontanos.
El accidente que dañó a Jungle Jim's Playland
Sin embargo, esa historia cambió drásticamente en el año 2002, cuando un accidente ocurrido dentro de una de sus sucursales marcó el inicio del fin para la cadena. Los hechos ocurrieron en la sucursal ubicada en San Pedro, dentro de una atracción llamada “Los Pantanos”, donde un menor quedó suspendido del cuello por aproximadamente un minuto.
De acuerdo con los reportes de aquella época, el niño fue rescatado por padres de familia que se encontraban en el lugar, logrando salvarle la vida. No obstante, debido al tiempo que permaneció sin oxígeno, sufrió un edema cerebral que dejó graves secuelas en su salud.
El accidente generó gran impacto entre la población regiomontana y provocó una fuerte reacción entre las familias, que comenzaron a cuestionar la seguridad de las instalaciones y la supervisión dentro de las áreas de juego. La noticia se difundió rápidamente en la ciudad y afectó severamente la reputación del centro de entretenimiento.
Tras este hecho, la afluencia de visitantes comenzó a disminuir de manera considerable. Muchas familias dejaron de acudir por temor a que ocurriera otro incidente, mientras que la confianza en la marca se fue deteriorando hasta afectar la viabilidad operativa de sus sucursales.
Aunque Jungle Jim’s ya era un referente del entretenimiento infantil en Monterrey, el accidente representó un golpe del que la empresa no logró recuperarse. La combinación entre el daño a su imagen pública, la pérdida de clientes y las posibles consecuencias legales derivadas del incidente terminó por precipitar el cierre definitivo de sus operaciones ese mismo año.
Con su desaparición, Jungle Jim’s dejó atrás una etapa importante en la memoria colectiva de los regiomontanos. Para muchos, fue el escenario de fiestas de cumpleaños, tardes de juegos y recuerdos de infancia que aún hoy generan nostalgia. A pesar del desenlace, el nombre del lugar permanece vivo en la memoria de quienes crecieron en Monterrey durante los años noventa.
El cierre de Jungle Jim’s también marcó el fin de una era en los centros de entretenimiento infantil de la ciudad. Con el paso del tiempo, otros conceptos fueron ocupando su lugar, pero pocos lograron dejar una huella emocional tan fuerte como aquella jungla de colores, fichas, premios y la inolvidable sonrisa de su mascota.
mvls