Para María Guadalupe Flores, la docencia nunca fue solo un trabajo. Durante más de 32 años dedicó su vida a enseñar psicología, formando generaciones de estudiantes desde el conocimiento, pero también desde la empatía, la cercanía y el corazón.
“Invertí mucho tiempo en darles lo mejor que yo podía para que ellos pudieran establecerse como excelentes profesionistas, que superaran a sus maestros, que fueran mejores que nosotros, que pudieran lograr todas las metas que ellos se habían propuesto y que trataran siempre de estarse superando, porque yo pienso que una de las cosas más importantes es que nunca dejamos de aprender”, compartió María Guadalupe Flores, maestra jubilada de Psicología.
Honor a quien honor merece
Más allá de las aulas, buscó crear experiencias que dejararan huella en la vida de sus alumnos. En el año 2000 impulsó la ceremonia “Honor a quien honor merece”, un homenaje dedicado a los padres de familia que acompañó a 28 generaciones de estudiantes.
Cada alumno escribía a mano una carta para expresar amor, gratitud y reconocimiento a quienes estuvieron detrás de sus logros académicos y personales.
“Realizaban cada ceremonia con un amor y con un gusto, porque yo siempre les dije: ustedes tienen siempre la entrega de su carta de pasantes, la presentación de su examen profesional, su graduación. Pero quienes siempre han estado detrás de cada uno de nosotros como hijos son los padres”, recordó Flores.
Aquellas ceremonias se convirtieron en momentos profundamente emotivos para las familias.
“Había llanto de emoción, de gratitud, había llanto de agradecimiento, había reconciliación de padres e hijos”, expresó.
Su despedida de la docencia
Después de más de tres décadas frente a grupo, despedirse de la docencia representó uno de los procesos más difíciles de su vida.
“Muy difícil, muy difícil porque amo la docencia. Pero yo pienso que también todo tiene un ciclo. Y llegó el mío. Entonces darle oportunidad a otras personas, nuevas ideas, nuevos proyectos”, dijo.
Con emoción, también dedicó unas palabras a quienes alguna vez fueron sus alumnos y aún la recuerdan con cariño.
“Que siempre han estado presentes en mi vida, que les agradezco mucho todo lo que hicieron, por hacer también muy interesante la clase y también que siempre se sigan superando, que espero que sean mucho mejor que yo y que tengan un propósito de vida”, señaló.
Y aunque el tiempo cerró un ciclo en las aulas, en la memoria de cientos de alumnos seguirá siendo la maestra que convirtió la enseñanza en una forma de tocar vidas y sembrar algo que nunca se olvida.
gaoh