El exterior del Jardín de Niños "María Helena Chanes" se ha transformado en un altar de dolor, pero también de profundo amor y solidaridad.
Tras el trágico accidente que le arrebató la vida al pequeño Ian Gael la mañana de este lunes, padres de familia, vecinos y compañeros han tapizado la entrada del plantel con veladoras, flores y juguetes en memoria del menor.
Velas que reflejan la inocencia y fe
El silencio que hoy reina en la institución, tras anunciarse la suspensión de clases por dos días, contrasta con la luz de decenas de veladoras colocadas en la fachada.
Entre las llamas que parpadean en el suelo, destacan imágenes de la Virgen de Guadalupe y desgarradores mensajes de despedida escritos por una comunidad escolar consternada.
Al lado de los cirios, pequeños carritos y muñecos recuerdan la esencia de Ian Gael: un niño que, minutos antes de la tragedia, solo buscaba divertirse.
- Policía
El accidente que apagó su sonrisa
Los hechos ocurrieron durante la hora del recreo. De acuerdo con las primeras indagatorias, una parte de la estructura metálica de los columpios se venció, provocando que Ian Gael cayera estrepitosamente y golpeara su cabeza contra las piedras perimetrales del área de juegos.
Aunque sus familiares actuaron con desesperación y lo trasladaron por sus propios medios al Hospital Amparo Pape de Benavides, los médicos confirmaron que el menor ya no presentaba signos vitales al ingresar.
Mientras las veladoras se consumen a las afueras del kínder, las autoridades de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) mantienen bajo resguardo el plantel educativo para realizar los peritajes correspondientes y deslindar responsabilidades sobre el estado de la infraestructura escolar.
Por otro lado, el eco de la tragedia se ha extendido al entorno digital. La madre del menor, Escarleth Guel Puente, ha conmovido a toda la comunidad a través de redes sociales, compartiendo fotos y videos de la alegría que caracterizaba a su hijo.
En medio de un dolor indescriptible, la madre expresó el vacío que deja la ausencia de Ian Gael , compartiendo además la inevitable culpa que hoy la embarga por el simple hecho de haberlo llevado a la escuela esa mañana.
Hoy, Monclova llora a Ian Gael, y las luces encendidas en su escuela prometen no dejar en el olvido su memoria ni las respuestas que su familia merece.