Antes de que salga el sol y con el termómetro rondando los cero grados en el Área Metropolitana de Monterrey, don Ponciano y Santana Javier ya se encuentran en marcha.
Ni la edad, ni el frío intenso, ni el cansancio han sido suficientes para frenarlos: para ambos, seguir trabajando es una necesidad y una forma de sobrevivir.
- Comunidad
A las 05:00 horas, cuando la mayoría duerme, don Ponciano, de 84 años, ya empuja su carretilla por las calles de la colonia San Bernabé, al norte de Monterrey.
Don Ponciano y Santana Javier relatan cómo es salir a trabajar pese a frío
El cartón, el plástico y el aluminio son el material que le dan su sustento diario, una rutina que repite sin importar el frío que se cuela entre la ropa.
“Pues andamos buscando un cinco para sacar para la comida o la sodita… no puedo estar de oquis de la cama a la mesa y de la mesa a la cama, necesito hacer algo para poder comer y sentirme productivo”, comparte.
Con paso firme, don Ponciano recorre banquetas y avenidas durante varias horas, enfrentando el clima y el tráfico vehicular. Dice que el frío no le pesa tanto; la costumbre de caminar lo ayuda a entrar en calor.
“Donde nosotros vivíamos hacía mucho frío y no lo sentíamos porque nos íbamos al campo caminando… ya con la caminata de ahorita se me quita”, relata.
- Política
En casa lo espera doña Simona Pérez, su compañera de vida, quien contribuye al gasto familiar tejiendo. Ella lo describe como un hombre incansable.
“Es trabajador, no es flojo, no quiere estar en la casa. Dice que en la calle se divierte, platica con la gente… y pues Dios lo bendice”, comenta.
“Vendo unos 14 o 15 kilos, unos cien o 200 pesos… si sobra, pagamos la luz, el agua y la papita para comer”, finaliza don Ponciano.
En otro punto de la ciudad, Santana Javier Ramírez, bolero desde los siete años de edad, también sale de su casa desde temprano, pese a temperaturas cercanas a los cero grados centígrados.
“Es de salir bien enchamarrado, llueva, truene o relampaguee. El rey del cielo me ayuda… ya salió el solecito, ya me quité la otra chamarra”, dice mientras trabaja.
Desde 1999 ofrece su servicio alrededor del mercado, un oficio que se convirtió en su alternativa tras ser rechazado en empleos formales por su edad.
“Ya no me quieren en los trabajos porque tengo 60 años, y pues aquí ando haciendo mi luchita, sacando para comer”, expresa.
Contrario a lo que se podría pensar, el frío no ahuyentó a los clientes. Al contrario, Santana se dice agradecido por la buena jornada.
“Que se cubran, que coman bien y se encomienden al rey del cielo, porque es el único que no nos deja”, aconseja.
Así, entre chamarras, carretillas y cajones de bolero, don Ponciano y Santana Javier representan a cientos de adultos mayores que, pese a las condiciones climáticas y económicas, siguen saliendo a trabajar cada día.
Su presencia en las calles no solo desafía al frío, sino que recuerda la urgencia de mayor solidaridad con quienes deben ganarse el sustento diario.
mvls