¿Mujeres sonideras? Durante décadas la industria de la música ha sido mayormente un gremio de hombres, donde se les han reconocido como “maestros” “artistas” y demás adjetivos que reconocen sus trayectorias.
Sin embargo, las mujeres han quedado encapsuladas como “musas” dentro del medio artístico, limitando el concepto a ser inspiración pero no protagonistas de su propio arte.
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'La Musa Mayor': transformando música en lucha social
En el vibrante y tradicionalmente masculino mundo del movimiento sonidero en la Ciudad de México, emerge una figura que no solo porta el ritmo en la sangre, sino que lo utiliza como una herramienta de transformación social.
Marisol Mendoza, conocida cariñosamente como La Musa Mayor, ha logrado lo que muchos consideraban imposible: abrir una brecha de equidad y sororidad en un espacio donde las mujeres solían ser figuras secundarias o acompañantes.
Su historia no es solo la de una sonidera, es la crónica de una resistencia cultural que busca dignificar el papel de la mujer detrás del micrófono.
Marisol no es una recién llegada, pues pertenece a la tercera generación de la Dinastía Duende, una familia con 50 años de tradición sonidera.
Durante 18 años, se dedicó a la gestión del movimiento en general, pero fue hace aproximadamente 12 años cuando su perspectiva cambió al comenzar a trabajar con un enfoque de género.
Tras conocer a otras mujeres con las mismas inquietudes, fundó la colectiva Musas Sonideras, la cual evolucionó de un proyecto inicial llamado Sonideras de Corazón.
Marisol se define a sí misma no solo como sonidera, sino como promotora y gestora cultural, utilizando la "metodología de la vida" para profesionalizar su oficio.
El poder del micrófono para transmitir verdaderos mensajes
El camino no ha sido sencillo, Marisol reconoce que el aprendizaje ha sido predominantemente patriarcal, ya que ella misma aprendió de su padre y hermanos.
Sin embargo, hoy lidera un cambio fundamental: aprender de mujer a mujer.
A través de talleres, Musas Sonideras está rompiendo la brecha de conocimiento y la brecha económica, demostrando que, incluso sin poseer toneladas de equipo técnico, las mujeres pueden romper barreras mediante la curiosidad y el valor de aprender.
Una de las características más grandes de los sonidero es el poder su voz, por lo que La Musa Mayor asegura que la resistencia se manifiesta también en la palabra.
Por ello, enfatiza la importancia de transformar los mensajes en el micrófono, eliminando discursos misóginos, sexistas o invasivos para construir espacios seguros.
"Los espacios seguros no existen, uno los construye y a veces es a base de la palabra", afirma con convicción.
Este esfuerzo ha rendido frutos, pues en eventos como el 8M se observa a mujeres bailando y disfrutando en un ambiente de total confianza y libertad.
El legado: tres generaciones de mujeres unidas por el ritmo
Uno de los aspectos más conmovedores de su labor es el impacto generacional, ya que su madre, a quien considera una pionera que antes solo apoyaba desde la sombra cargando bafles o cargando discos, ahora toma los talleres que su propia hija imparte.
"También estamos rompiendo la brecha de conocimiento y la brecha económica, si no rompiendo, por lo menos fracturando, porque estamos entrándole a saber, al interés, a la curiosidad, a animarnos a aprender bastante"
Por otro lado, la hija de Marisol ya forma parte de esta nueva generación de sonideras, lo que llena a Marisol de orgullo y fuerza.
La evolución del proyecto las ha llevado a también trabajar con infancias y adolescencias, presentándose en escenarios profesionales como el CENART, donde se abre camino para que las niñas que hoy dicen "quiero ser una musa" tengan un camino más blando que sus predecesoras.
Ser mujer y ser sonidera como un reto de vida
Aunque hoy cuentan con una audiencia donde el 90 por ciento son mujeres que pagan su boleto para apoyarlas, Marisol es realista sobre los retos persistentes.
La colectiva, que abraza a unas 80 mujeres entre México y Estados Unidos, sigue luchando por un pago digno y un trato equitativo en comparación con sus colegas hombres.
A pesar de que algunos hombres aún las ven como competencia o bromean sobre una "invasión", Marisol mantiene su lema:
"No es con todas, pero es por todas".
Siendo esta frase parte de la razón del movimiento, donde asegura que a pesar de que algunas sonideras se han salido del colectivo, siguen en la misma lucha por y para todas.
Su objetivo final es claro: trabajar incansablemente "hasta que la sororidad se haga costumbre" en la pista de baile y en la vida.
TEHV