Uriel Pineda, un hombre que se desempeñaba como soldador, enfrenta una condena de décadas en el penal de Barrientos, en Tlalnepantla, por un delito que su familia asegura que no cometió.
El caso, originado por un ataque ocurrido en octubre de 2020 en el municipio de Naucalpan, Estado de México, ha sido señalado por sus allegados como una injusticia plagada de irregularidades.
Familia de Uriel asegura que el hombre no se encontraba el lugar cuando fue el ataque
La vida de la familia Pineda dio un giro drástico cuando las autoridades lo vincularon con un homicidio calificado sucedido a las afueras de su propio domicilio.
Según los testimonios de su defensa, Uriel no se encontraba en el lugar al momento de los hechos, pues había salido acompañado de su esposa e hijas.
"Deberían de darse cuenta que al momento de acusar a una persona inocente, no únicamente le están destruyendo la vida a él, sino también a toda la familia", lamentan sus seres queridos ante la situación que enfrentan.
A pesar de las pruebas de descargo, el sistema judicial avanzó en su contra. Según las fuentes, la condena inicial fue sumamente severa, basada principalmente en testimonios que la familia considera poco fiables y carentes de sustento físico o científico.
"En el 2025 lo sentencian a 55 años sin ninguna prueba, únicamente con el señalamiento de cinco testigos. Tres de ellos dicen haber estado en el lugar de los hechos, pero no reconocerlo ni saber cómo iba vestido ni acordarse de él", explica la fuente sobre las inconsistencias del proceso.
La lucha legal de su esposa, la señora Lizbeth, logró una ligera modificación en la pena tras un recurso de apelación, aunque la sentencia sigue siendo devastadora para el núcleo familiar.
"Metimos el recurso de la apelación, nos lo redujeron únicamente a 8 años, se quedó en 47 años y bueno, de ahí metimos el recurso del amparo esperando que la autoridad federal pues fuera un poquito más competente", señala Lisbeth sobre el estado actual del caso.
El impacto emocional ha recaído con fuerza sobre las hijas menores de Uriel, quienes han tenido que crecer visitando a su padre tras las rejas.
"Entrar a un penal no es fácil. Ver a su papá acusado de algo que él no hizo y saber que él no lo hizo, pues es muy difícil, ha sido muy difícil para mis hijas también", relata la familia con dolor.
Actualmente, la familia mantiene la esperanza en que las autoridades federales revisen las pruebas de inocencia que, según denuncian, fueron ignoradas durante el juicio inicial, buscando que finalmente se haga justicia para el soldador.
TEHV