¿Es más fácil comprar una motocicleta que obtener una licencia para conducir en Saltillo?
La venta de motocicletas usadas y los esquemas de financiamiento han facilitado que menores de edad accedan a estos vehículos.
Hoy es más fácil comprar una motocicleta en Saltillo que obtener una licencia para conducir, esa realidad ha facilitado que cada vez más adolescentes tengan acceso a estos vehículos, ya sea mediante compras de segunda mano o a través de planes de financiamiento contratados por sus propios padres.
Hace algunos años, adquirir una motocicleta representaba un gasto considerable para muchas familias, hoy es posible conseguir una por unos cuantos miles de pesos o mediante pagos semanales que apenas superan los 200 pesos.
Mientras la legislación establece requisitos para conducir una motocicleta, como contar con licencia o permiso en el caso de menores de edad, adquirir una unidad es una historia completamente distinta.
Durante esta investigación se constató que el mercado ofrece pocas barreras para quien desea comprar una motocicleta, sin importar si se trata de un adulto o de un adolescente, la puerta de entrada más común ya no son las agencias.
Está en Facebook Marketplace, grupos de WhatsApp y publicaciones compartidas entre amigos o motociclistas, todos los días se anuncian decenas de unidades que cambian de dueño mediante acuerdos entre particulares.
Para la mayoría de los vendedores, la única condición es recibir el dinero, los precios convierten estas unidades en una opción al alcance de muchos jóvenes.
¿Qué tan fácil es que un adolescente consiga una motocicleta en la actualidad?
Durante el recorrido realizado para este reportaje fue posible localizar motocicletas desde los dos mil 500 pesos, aunque el costo varía según el modelo, el estado mecánico y la documentación.
Especialistas recomiendan extremar precauciones al adquirir unidades usadas, ya que algunas pueden carecer de documentos o presentar irregularidades en su procedencia, por ello, verificar el número de serie y la documentación es indispensable antes de concretar la compra.
Sin embargo, el mercado de segunda mano es solo una parte del fenómeno, las agencias también han contribuido a que las motocicletas sean cada vez más accesibles mediante esquemas de financiamiento con pagos mínimos.
Durante esta investigación se documentó un plan para una motocicleta con valor de 18 mil 999 pesos, cuyo financiamiento contempla pagos aproximados de 240 pesos semanales durante 142 semanas.
Incluso existen modelos cuyos abonos comienzan desde los 200 pesos por semana, una cantidad que representa un gasto relativamente bajo para muchas familias.
La operación suele ser sencilla, contactar al vendedor, revisar la motocicleta, negociar el precio y entregar el efectivo, no hay una ventanilla que solicite una identificación oficial, tampoco una verificación de edad y, mucho menos, se exige una licencia de conducir.
Aunque los créditos sí requieren que quien firme el contrato sea mayor de edad y cuente con capacidad crediticia, vendedores consultados explicaron que una práctica frecuente consiste en que los propios padres soliciten el financiamiento.
En numerosos casos es la madre quien utiliza su historial crediticio para obtener la aprobación del crédito, la factura y el contrato quedan a nombre del adulto; sin embargo, la motocicleta termina siendo utilizada diariamente por el hijo menor de edad, quien se convierte en el verdadero conductor.
Es decir, el filtro existe para otorgar el crédito, pero no necesariamente para determinar quién utilizará el vehículo.
El contraste es evidente, mientras obtener un permiso para conducir implica cumplir con los requisitos establecidos por la autoridad, comprar una motocicleta depende, en muchos casos, únicamente de contar con el dinero suficiente o de que un familiar adulto firme el financiamiento.
El proceso de venta también está separado del control vehicular, la motocicleta puede adquirirse antes de ser emplacada y, en la práctica, no es raro encontrar unidades circulando sin placas, con permisos provisionales vencidos o registradas a nombre de personas distintas de quienes realmente las conducen.
Para miles de familias, la motocicleta representa una alternativa económica frente al automóvil, consume menos combustible, es más barata de mantener y sus mensualidades resultan accesibles.
Sin embargo, esa misma facilidad ha provocado que cada vez más adolescentes tengan acceso a un vehículo de motor antes de recibir capacitación vial o cumplir con los requisitos necesarios para conducir legalmente.
La interrogante que deja esta investigación va más allá del precio de una motocicleta, el verdadero cuestionamiento es si los controles actuales son suficientes cuando hoy resulta más sencillo comprar una moto que demostrar si quien la conducirá está preparado para hacerlo.
Al final, para muchos adolescentes, la primera llave de una motocicleta no llega después de obtener una licencia, llega mucho antes: cuando alguien acepta el efectivo o cuando un padre o una madre firma el crédito.
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JSR
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