Pese al repunte reciente de contagios de sarampión en la entidad, habitantes de Monterrey no ven como necesaria la reactivación del cubrebocas en espacios públicos, según un sondeo realizado en el centro de la ciudad.
Durante un recorrido por puntos concurridos como paradas de camión, plazas y comercios del primer cuadro, se constató que la mayoría de las personas no utilizaba mascarilla.
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¿Qué dijeron los regios ante el uso de cubrebocas?
Entre los argumentos más frecuentes destacan la confianza en contar con el esquema de vacunación completo y la percepción de que el nivel de riesgo aún no es elevado. Algunos ciudadanos afirmaron sentirse tranquilos y protegidos, por lo que consideran que no es momento de retomar esta medida preventiva.
“No me preocupa porque para eso están las vacunas, para protegerte, yo ya me vacuné y no veo necesario ponerme cubrebocas”, señaló la señora Norma.
“Yo lo uso por las enfermedades que andan ahorita, aparte ahorita ando un poquito malo de la garganta y aunque ya me vacuné, me cuido para no contagiarles algún virus a mis niños”, dijo Orlando, ciudadano que sí portaba un cubrebocas.
Otros reconocieron que el aumento de contagios sí les genera preocupación, aunque no la suficiente como para modificar sus hábitos diarios.
“Yo sí me lo pongo porque padezco de una enfermedad en los pulmones, entonces más vale andar prevenida”, platicó la señora Juani, quien usa cubrebocas.
También hubo quienes afirmaron que lo utilizarían si autoridades hacen obligatorio.
“Yo lo usaré hasta que lo hagan obligatorio, como con el covid, o si se llega a contagiar a alguien cercano a mí”, comentó Esmeralda.
Especialistas advierten que ante enfermedades altamente contagiosas como el sarampión, las acciones preventivas pueden marcar la diferencia para evitar brotes comunitarios, especialmente en sitios concurridos.
Por ahora, el uso del cubrebocas en la ciudad continúa siendo una decisión personal.
¿Cómo puede ayudar el cubrebocas a la prevención de enfermedades?
El cubrebocas funciona como una barrera física que reduce la dispersión de gotas respiratorias al hablar, toser o estornudar. Muchas enfermedades se transmiten precisamente a través de estas microgotas que pueden quedar suspendidas en el aire o depositarse en superficies.
Al cubrir nariz y boca, se limita la salida de partículas potencialmente infecciosas y también se disminuye la cantidad que una persona puede inhalar. Su uso es especialmente útil en espacios cerrados, con poca ventilación o cuando existe alta circulación de virus.
Además, fomenta una cultura de prevención colectiva: no solo protege a quien lo usa, sino también a quienes lo rodean. Cuando se combina con higiene de manos y ventilación adecuada, el cubrebocas se convierte en una herramienta eficaz para cortar cadenas de transmisión.
mla