A tres semanas de la tragedia, ejido La Unión no se recupera del daño hecho por 'Los Cuates'
Vecinos reportan un "toque de queda" de facto al caer la noche; madres de familia organizan guardias de vigilancia en planteles escolares ante el impacto psicosocial
A tres semanas de la jornada sangrienta en la Escuela Secundaria General número 13 que cobró la vida de la subdirectora y dejó a cuatro personas lesionadas con arma blanca, la vida comunitaria en el ejido La Unión de Torreón se mantiene profundamente fracturada. El temor, la incertidumbre y el luto colectivo no han cedido paso a la normalidad.
El pulso cotidiano del sector luce desolado. Negocios con poca afluencia y calles semivacías marcan la tónica de una comunidad donde la tragedia cometida por dos hermanos mayores de edad sigue pesando en el ambiente.
“Se siente como sombría la cosa, nadie quiere platicar de eso y cambian la conversación; mis hijos se meten debajo de la cama. Aún no se recuperan los chavos, no quieren entrar a los salones ni a los baños, tienen miedo y cualquier cosita que pasa asusta a uno”, compartió José Luis Pérez, soldador cuyo taller colinda con el plantel educativo, donde actualmente solo trabaja personal en la construcción de sanitarios nuevos.
"Toque de queda" y aislamiento social
Para los comercios de las inmediaciones, el golpe ha sido drástico. De acuerdo con testimonios de los habitantes, a partir de las 19:00 horas las calles quedan prácticamente desiertas por el temor de los padres a que los menores permanezcan fuera de sus viviendas.
“Antes que estaban los estudiantes aquí había más movimiento y alegría; a eso de las siete está muy solo, como que la gente agarró miedo, está muy triste todo y se siente una gran soledad”, lamentó José Guadalupe Dueñez, encargado de un autolavado cercano a la secundaria.
Escuelas blindadas y guardias de madres
El impacto psicosocial se trasladó directamente a los otros centros educativos del ejido. En la Escuela Primaria Agustín Melgar y en el Jardín de Niños Enriqueta Camarillo se implementaron medidas restrictivas severas: cierre permanente de accesos, ingreso exclusivo a padres con cita previa e incluso la prohibición de llevar alimentos a la hora del recreo.
Ante el trauma persistente, la propia comunidad tomó cartas en el asunto. En el preescolar del sector, las madres de familia crearon brigadas para custodiar los accesos durante todo el horario lectivo.
“Yo no me siento todavía a gusto. Nosotros vivimos cerca y se siente el ambiente muy triste. En el kínder nos estamos turnando las mamás por lo mismo; nos quedamos ahí en el horario de clases haciendo guardias”, explicó Andrea Herrera, vecina de la zona.
En tanto, sobre la calle Nacionalismo, la vivienda que habitaban los dos hermanos señalados por el ataque permanece completamente en silencio, delimitada por cinta amarilla y sellos de aseguramiento por parte de la Fiscalía General del Estado de Coahuila, como mudo testimonio de un episodio que sigue marcando a la Comarca Lagunera.
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Reportera de Multimedios Laguna desde 1997. Egresada de la Licenciatura de Comunicación Organizacional de la Universidad Autónoma del Noreste Unidad Torreón
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