Para Virginia Chávez, habitante de la colonia Villas Alcalde en Zapopan, su hogar ha dejado de ser un refugio para convertirse en una fuente de angustia constante.
Desde hace casi cinco meses, la mujer vive bajo la incertidumbre de un posible derrumbe debido a las obras de demolición y reconstrucción que se realizan en la finca marcada con el número 1 K, justo al lado de su propiedad, en Zapopan.
¿Cómo se ha deteriorado la vivienda de Virginia con las obras contiguas?
La pesadilla comenzó en octubre pasado. Según relata Virginia, los encargados de la obra vecina han realizado demoliciones totales en dos ocasiones consecutivas utilizando métodos rudimentarios que han comprometido la integridad de su casa.
"Esto está desde octubre. Ya casi cinco meses... a puro pico de marro están, demolieron primero la casa de aquí enseguida y cuando ya la iban a terminar, no les gustó cómo quedó y volvieron a demolerla otra vez", narra con evidente frustración.
El uso de herramientas manuales de alto impacto ha generado vibraciones tan intensas que los muros y techos de Virginia presentan grietas profundas y filtraciones de agua. La afectada señala que un albañil le advirtió sobre la gravedad del problema:
"Me dijo, no se nota mucho porque tiene el enjarre muy grueso, pero si usted empieza a cabarle poquito, se va a ver donde está todo muy afectado ya".
El deterioro es generalizado, las fracturas se extienden desde la planta baja hasta los clósets y techos del piso superior.
"Arriba son puras grietas, el techo hay grietas. Y en las paredes. Y esas afectaciones no las tenía… es a raíz de esta edificación", asegura la propietaria.
La situación ha escalado a tal grado que su hijo y nietos decidieron abandonar la vivienda por miedo a que la estructura ceda, dejando a Virginia prácticamente sola en una construcción que se debilita día con día.
Indiferencia de las autoridades
A pesar de haber recurrido a múltiples instancias, incluyendo Protección Civil de Zapopan, la respuesta ha sido nula. Virginia lamenta la falta de un dictamen técnico oficial que obligue a los responsables a reparar los daños. Tras acudir a diversas instituciones al menos siete veces, la respuesta suele ser la misma: que no se puede hacer nada.
"La última vez que hablé fue hace como ocho días y dije: ya no lo voy a hacer porque no vienen", concluye, esperando que la difusión pública de su caso logre la intervención que las oficinas gubernamentales le han negado.
LG