Disponible en frascos de mermelada, salsas para platillos mexicanos o como dulce cristalizado; desde botellas de licor y hasta chamoy para las micheladas, Doña Laura ha encontrado en el xoconostle un ingrediente versátil para elaborar productos artesanales tras 20 años de experiencia trabajando con este fruto endémico de México.
“Cuando me vean seria, no piensen que estoy enojada con ustedes; el genio está trabajando”, comenta Laura Moreno como líder de la empresa Comexo, un negocio familiar conformado exclusivamente por seis personas: su hija, su yerno, sus dos nietos y dos empleadas.
Los gastos de elaboración, empaquetado y distribución de estos productos artesanales se financian con las ventas realizadas en restaurantes cercanos a la Zona Arqueológica de Teotihuacán, Estado de México, y a clientes mayoristas de Guadalajara y la Ciudad de México.
“¿Y si hacemos mermelada de xoconostle?”; el inicio de una tradición familiar
Parecido a la tuna, pero de sabor agrio, el xoconostle es un fruto que nace de la variedad de nopal conocida como Opuntia Joconostle, y proviene del náhuatl “xococ” que significa agrio y “nochtl” tuna.
Su consumo se remonta a la época prehispánica y puede utilizarse como un remedio tradicional para ayudar en el tratamiento de la diabetes.
“La segunda vez que me operaron (hace 22 años) me quitaron el bazo. En el hospital de nutrición me dijeron que no podía comer alimentos con conservadores, ni con sal, ni con mucha azúcar y tampoco carnes”, relata Doña Laura mientras reposa en la silla de ruedas que le fue heredada por su padre.
Cuando Doña Laura vendía artesanías en la Zona Arqueológica de Teotihuacán, Estado de México, algunos turistas le preguntaban dónde podían consumir un platillo típico del lugar. Al recomendar dulces típicos mexicanos, los visitantes le insistían en probar “un producto de aquí”.
“A los pocos días, un familiar me visitó para regalarme mermelada de tuna. Cuando se fue, le comenté a mi hermano: ¿Y si hacemos mermelada de xoconostle?, y él me contestó: "Estás loca, ¿cómo vas a hacer mermelada de xoconostle?”.
El primer reto para la emprendedora y su hija fue eliminar la acidez de la mermelada ocasionada por la naturaleza del xoconostle. Y es ahí donde se esconde su secreto, en la receta para convertir un fruto ácido en un producto dulce.
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Tras asistir a una serie de cursos en los que aprendió a preparar mermeladas de durazno, mango y calabazate, la señora Laura adquirió los conocimientos necesarios para elaborar sus primeros productos.
El proceso consiste en dejar reposar la pulpa durante un periodo que varía según su nivel de acidez. En el caso de las frutas más ácidas, es necesario esperar 24 horas para que pierdan el exceso de amargor.
Del fruto a la mesa; 20 años de innovación artesanal
Actualmente, con más de 20 años de experiencia y cerca de 20 productos elaborados a base de nopal y xoconostle, Comexo se alista para ofrecer sus productos en la Feria Internacional de la Tuna, un evento anual que se celebrará el 14, 15 y 16 de agosto de 2026 en San Martín de las Pirámides.
Este año, la novedad se encuentra en los dulces cristalizados de xoconostle, sabor a fresa y sandía, un producto que retomó tras 15 años sin elaborarlos. Los nuevos dulces son tan recientes que sus nombre no están incluidos en la etiqueta, solo están marcados con las letras “S” y “F” para indicar su sabor.
“Qué vamos a irles a enseñar a hacer”, preguntan sus empleadas a Doña Laura mientras se organizan con nuevas ideas para ofrecer en la Feria de la Tuna, ya que en sus inicios, Doña Laura preparaba tamales con salsa de xoconostle, pero cuando los presentó en la feria otros artesanos imitaron su producto.
A continuación, se muestra una lista de todos los productos elaborados por Laura y su familia:
- Nopal cristalizado (enchilado, con chamoy y dulce)
- Galleta de Nopal
- Fibra de xoconostle (enchilado y dulce)
- Xoconostle cristalizado (enchilado, con chamoy de fresa y sandía)
- Xoconostle (relleno de nuez, cubierto con chocolate, en almíbar y salado)
- Amaranto con xoconostle
- Mermelada de xoconostle
- Salsa de xoconostle
- Salsa macha de xoconostle
- Chamoy con jugo de xoconostle
- Licor a base de xoconostle
El sello de la casa; la calidad por encima de la marca
Sobre el estante que resguarda la colección gastronómica de Comexo, algunos productos carecen de etiquetas en los envases, ya que la artesana permite que los clientes mayoristas de Guadalajara, Zapopan y la Ciudad de México coloquen su propia marca en los artículos elaborados por la familia.
“Hay clientes que quieren que les venda el producto, pero sin la marca. Perfecto, que me lo paguen y que ellos le pongan la marca que quieran, porque el día que yo ya no les venda, a ver quién se los va a hacer”.
Uno de sus mejores compradores adquiere los productos sin etiqueta para ofrecerlos como regalos en el parque Xcaret, en Cancún, Quintana Roo. Cada año, en el mes de noviembre, Comexo vende entre 300 y 350 kilos de xoconostle cubierto de chocolate envasado en frasco, a un precio de 300 pesos el kilo.
“A mí me dijo la primera vez que me compró: Si usted me entrega la misma calidad que ahorita me está dando, tenga por seguro que nos vamos a entender bien”, relata cómo inició la fidelidad de su mejor cliente hacia la empresa Comexo.
La cabeza del negocio familiar es exigente con la calidad de su producto; dedica una jornada completa de cinco a seis horas para lavar el fruto de xoconostle. Por ejemplo, la fibra de xoconostle, que está hecha con la cáscara del fruto, requiere de un trabajo meticuloso.
“Este producto se ve blanquito, no se le ven puntos, no se le ve suciedad. Porque a veces tiene unos puntitos y es una espina, todo eso nosotros lo revisamos para que nuestro producto esté lo más limpio posible”, explica la emprendedora y señala que todos en la cocina usan bata y cofia.
La empresaria mexiquense recuerda cuando ella y su familia fueron asesorados por capacitadores de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario (Sedagro) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), hoy Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER).
“Hay personas que supuestamente vinieron para explicarnos cómo elaborar el producto, pero en lugar de que saliera un producto MEJOR, salió un producto PEOR”, comenta sobre la capacitación que recibió durante los primeros años de su emprendimiento.
El reto de mantener viva la tradición; una herencia hecha de xoconostle
Liderar una empresa de productos artesanales a base de xoconostle demanda un trabajo constante. Cada semana Doña Laura organiza su tiempo para realizar una actividad específica por día: limpiar el fruto, elaborar dulces, empacar y distribuir la mercancía en los restaurantes cercanos a la zona arqueológica.
La preparación de las bolsas de dulce cristalizado requiere cerca de cuatro horas por cada lote de 100 piezas. Durante ese tiempo se elaboran, etiquetan, sellan y acomodan en cajas que contienen 10 bolsas.
Además, un mes antes de la Feria Internacional de la Tuna, producen 100 muestras de todos los productos, a fin de exhibirlas durante el evento.
Tal cantidad de producto exige un total de 100 cajas por cada proveedor de xoconostle: un productor se ubica en Otumba y los otros dos en San Martín de las Pirámides; en total se utilizan alrededor de 300 cajas de xoconostle para realizar la extenuante labor.
Hoy, Laura Moreno capacita a su hija para continuar con el proyecto que nació como una idea abstracta tras atender una condición médica. Los hematomas en los brazos de la mujer de 68 años, exponen su padecimiento que limita su movilidad por el riesgo que implica cualquier mínimo golpe, principalmente si trabaja en la cocina.
Lo que comenzó como una alternativa alimentaria tras una condición de salud terminó por convertirse en un patrimonio familiar que hoy da empleo, preserva el aprovechamiento del xoconostle y mantiene viva una tradición gastronómica ligada a Teotihuacán.
Mientras prepara a la siguiente generación para continuar el proyecto, su mayor legado es la convicción de que la calidad y el trabajo diario pueden dar nueva vida a un fruto que forma parte de la identidad mexicana.
Escrito por Jesús Bardales