Durante décadas, una frase ha marcado el pulso del futbol mexicano: “Si Chivas está bien, la Selección está bien”.
Hoy, con la reciente lista de jugadores de Liga Mx presentada por Javier Aguirre, esa idea vuelve a tomar fuerza.
El Club Deportivo Guadalajara es otra vez la columna del Tricolor: Raúl Rangel, Luis Romo, Roberto “Piojo” Alvarado, Brian Gutiérrez y Armando “Hormiga” González. La pregunta es inevitable: ¿realmente le va mejor a México cuando se pinta de rojiblanco?
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¿Cómo le ha ido a la Selección Mexicana cuando Chivas es la base?
La historia ofrece claroscuros. El punto más alto en representación llegó en Chile 1962, cuando Chivas aportó siete futbolistas.
Aunque México no superó la fase de grupos, aquella edición dejó un momento imborrable: la primera victoria del país en este escenario, el 3-1 sobre Checoslovaquia. En ese plantel destacaron Guillermo Sepúlveda, Salvador Reyes y Jaime Gómez.
Pero la mayoría rojiblanca no siempre fue sinónimo de éxito. En Suecia 1958, con seis jugadores del Guadalajara, México terminó último de su grupo. Algo similar ocurrió en Inglaterra 1966, donde cinco elementos tampoco bastaron para avanzar.
En la era moderna, la influencia de Chivas coincidió con la etapa más constante —y también más frustrante— del Tri: el tope de los octavos de final. En Francia 1998, con figuras como Claudio Suárez y Ramón Ramírez, México avanzó, pero cayó ante Alemania
La historia se repitió en Alemania 2006, con Oswaldo Sánchez, Carlos Salcido, Francisco Rodríguez y Omar Bravo, así como en Sudáfrica 2010, donde estaban Javier Hernández, Adolfo Bautista, Alberto Medina, Luis Ernesto Michel y Jonny Magallón. En ambos casos, Argentina fue el verdugo en octavos.
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En los mundiales de Brasil 2014 y Rusia 2018, no fue convocado ningún jugador de Chivas para disputar el torneo más importante del fútbol. Para Qatar 2022, Gerardo Martino llamó a Alexis Vega y a Roberto Alvarado, un torneo para el olvido pues la Selección Mexicana se quedó en fase de grupos.
La lectura es contundente: con Chivas como base, México compite… pero no trasciende. El reto rumbo a 2026 es igual de claro: que esta nueva generación rojiblanca no solo sostenga la tradición, sino que finalmente rompa el techo del “quinto partido”.
CH