La Final de la Copa Africana de Naciones 2026, celebrada el 18 de enero en Rabat, Marruecos, será recordada como uno de los episodios más dramáticos y caóticos en la historia del fútbol continental.
En un Estadio Moulay Abdellah que vibraba con el apoyo local, los "Leones de la Teranga" de Senegal lograron imponerse 1-0 sobre el conjunto anfitrión, Marruecos, arrebatándoles el sueño de coronarse ante su gente.
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El encuentro estuvo marcado por una tensión extrema que incluyó un amago de abandono por parte de los senegaleses tras la marcación de un polémico penal al minuto 97 y el posterior fallo de Brahim Díaz, quien intentó un cobro de lujo al estilo "Panenka" que fue detenido por Édouard Mendy.
No obstante, mientras la atención se centraba en las figuras del campo, un héroe inesperado emergió desde el banquillo de suplentes, realizando una labor defensiva que no involucró el balón, sino un accesorio vital para el juego bajo la lluvia.
El asedio de Marruecos y la valentía de Yehvan Diouf
Bajo las inclemencias del clima, con una lluvia persistente que azotaba el terreno de juego, los guardametas dependían críticamente de toallas secas para mantener el agarre de sus guantes y asegurar el balón.
En un intento poco convencional por inclinar la balanza a favor de Marruecos, los recoge balones locales y algunos jugadores protagonizaron un acto insólito: intentaron sustraer la toalla del portero senegalés para dificultar su desempeño bajo los tres postes.
Ante este intento de sabotaje, el portero suplente de Senegal, Yehvan Diouf, asumió un rol protagónico fuera de la alineación titular.
Diouf se apostó estratégicamente a un costado de la portería para custodiar la prenda, entregándola a su compañero titular únicamente cuando era necesario secar el equipo.
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La situación escaló rápidamente cuando los recoge balones marroquíes, de manera descarada, comenzaron a forcejear físicamente con Diouf en un intento por despojarlo del objeto.
En un despliegue de compromiso total con la causa de su selección, el guardameta suplente terminó incluso tendido sobre el césped, invadiendo parte del campo de juego mientras el partido seguía su curso, con tal de evitar que le arrebataran la toalla.
Esta inusual pero efectiva resistencia fue fundamental para mantener la concentración y la seguridad del arco senegalés, que se mantuvo imbatible frente a los ataques de los locales.
Finalmente, el esfuerzo colectivo de Senegal, tanto dentro como fuera del campo, rindió frutos en la prórroga.
Al minuto 94, Pape Gueye anotó el único tanto del encuentro con un potente disparo que batió a Yassine Bono, sellando la segunda corona africana para su país y extendiendo la sequía de títulos de Marruecos a 50 años.
La victoria no solo se debió al talento de sus goleadores, sino también a la astucia de jugadores como Diouf, quien defendió cada recurso disponible para asegurar el triunfo.
DR