El Consejo Mundial de Boxeo (CMB) cumple 63 años de existencia consolidado no solo como un organismo sancionador, sino como un actor político, diplomático y administrador del símbolo más deseado del pugilismo: el cinturón verde y oro.
En un deporte donde las carreras son efímeras y los campeones envejecen rápido, la permanencia de esta institución representa una declaración de fuerza y legitimidad global.
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Un nacimiento con sello mexicano
La historia del CMB comenzó el 14 de febrero de 1963 en la Ciudad de México. No surgió de un gimnasio, sino como una iniciativa impulsada desde la Presidencia de la República bajo el mandato de Adolfo López Mateos.
En aquel entonces, el boxeo era una "jungla" con criterios dispares, clasificaciones poco transparentes y protocolos médicos casi decorativos. México buscaba posicionarse como el eje regulador de un deporte global.
Su primer presidente, Luis Spota, entendió que el boxeo era narrativa popular e identidad nacional, convirtiendo el organismo en una herramienta de geopolítica con guantes.
La era de José Sulaimán: Estructura y seguridad
Aunque el organismo nació en 1963, su verdadera arquitectura de poder se consolidó a partir de 1975 con la llegada de José Sulaimán Chagnón a la presidencia.
Sulaimán institucionalizó las convenciones anuales, formalizó las clasificaciones mensuales y fortaleció el comité médico.
Bajo su liderazgo, el CMB impulsó una de las reformas más importantes en la historia del deporte: la reducción de las peleas de campeonato de 15 a 12 asaltos.
Esta decisión, tomada tras la trágica muerte del boxeador Kim Duk-koo en 1982, priorizó la seguridad médica sobre la tradición del espectáculo, redefiniendo el boxeo estructuralmente a nivel mundial.
El Cinturón Verde y Oro como símbolo de identidad
El icónico cinturón verde y oro no fue un capricho estético, sino una declaración de origen. El verde representa a México hablándole al mundo, mientras que el oro simboliza la excelencia y el prestigio.
Elaborado por artesanos mexicanos, el cinturón incluye una placa central con un globo terráqueo para recordar que el campeón reina en el planeta entero, no solo en su región.
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Desde que el australiano Johnny Famechon lo portó por primera vez en 1968, esta pieza se ha convertido en un lenguaje de autoridad respetado globalmente.
Desafíos, crisis y el relevo generacional
A lo largo de seis décadas, el CMB ha enfrentado momentos críticos, como la demanda del alemán Graciano Rocchigiani en los años noventa que llevó al organismo a una bancarrota temporal.
Tras el fallecimiento de José Sulaimán en 2014, su hijo Mauricio Sulaimán asumió la presidencia en una transición estable.
La gestión actual ha tenido que adaptarse a un entorno complejo de streaming, redes sociales y una creciente fragmentación del negocio.
A pesar de las críticas por la creación de nuevos títulos como los cinturones "franquicia" o "diamante", Mauricio Sulaimán mantiene como prioridad la seguridad y el bienestar del boxeador, honrando el legado de su padre en un entorno que describe como un "volcán en erupción permanente".
Hoy, el CMB sigue siendo una de las columnas principales que sostienen el edificio del pugilismo internacional, demostrando que en el boxeo, lo que pesa, se respeta.
DR