No todo en la UFC se trata de jaulas, intensidad y combate. A veces, el escenario cambia por completo, y los protagonistas también. Esta vez, el deporte se mezcló con tradición en uno de los rincones más representativos del país: Xochimilco.
Ahí, lejos del ruido del octágono, Tracy Cortez, Manuel “Loco” Torres y David Martínez vivieron una jornada distinta, más cercana, más humana… y profundamente mexicana.
La visita no fue casual. Forma parte de una serie de experiencias que buscan conectar a los peleadores con la cultura local y, al mismo tiempo, acercarlos a la afición desde otro ángulo.
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En un calendario cada vez más exigente, estos momentos también juegan su papel: bajar la guardia, convivir y recordar que el deporte también se construye fuera del combate.
Desde temprano, los tres peleadores arribaron al embarcadero con una mezcla de curiosidad y entusiasmo. Para algunos, era su primer contacto con las trajineras; para otros, una oportunidad de reconectar con sus raíces.
El ambiente, desde el inicio, marcó la diferencia: música, colores y esa energía tan particular que solo Xochimilco puede ofrecer.
¿Cómo vivieron los peleadores de UFC su experiencia en Xochimilco?
Antes de abordar la trajinera, el ambiente ya anticipaba una jornada especial. Entre sonrisas y cierta incertidumbre por lo que vendría, Tracy Cortez dejó ver su emoción por descubrir un lugar completamente nuevo para ella.
“Estoy súper emocionada. Es mi primera vez aquí, y, pues, lista para pasearme. La verdad, no sé qué esperar, no sé qué va a pasar, pero estoy muy contenta y emocionada”.
Ya sobre el agua, la experiencia tomó ritmo. Manuel Torres, fiel a su estilo relajado, entendió rápidamente el tono del recorrido: disfrutar, convivir y dejar que el momento fluya lejos de la presión competitiva.
“Estoy listo: unos tragos y un mariachi. Espero pasármela suave. Muchas gracias a todo el equipo de Paramount por invitarme. Estoy contento y emocionado”.
El recorrido no se quedó solo en lo turístico. Hubo espacio para la historia, para hablar del ajolote símbolo del lugar y también para la gastronomía. Entre quesadillas de queso, huitlacoche y picadillo, el grupo encontró ese punto exacto entre tradición y convivencia. El picante, como era de esperarse, no faltó.
La experiencia subió de tono cuando apareció el mariachi. Canciones como Cielito Lindo y El Aventurero transformaron la trajinera en una fiesta flotante. Ahí, los peleadores dejaron de ser figuras del deporte para convertirse en parte del paisaje: cantando, riendo y, por momentos, simplemente disfrutando.
Más adelante, el evento tomó un giro simbólico rumbo al Mundial 2026. Los peleadores recibieron jerseys personalizados de la Selección Mexicana, un detalle que conectó directamente con el orgullo nacional y el momento que vive el país como futura sede mundialista.
“Ya estamos cerca del Mundial y como todo gran mexicano, nos gusta el futbol, nos gusta apoyar al país. Nos entregaron nuestra playera personalizada… y la vamos a traer bien puesta”, expresó David Martínez.
Al cierre del recorrido, el balance fue claro: más allá del espectáculo, fue una experiencia que fortaleció vínculos, tanto entre ellos como con el entorno. Manuel Torres lo resumió desde la satisfacción de haber vivido algo distinto.
“Nos la pasamos muy, muy padre. La verdad es que hubo de todo: risas, convivencia, comida, baile y canto”.
El evento, respaldado por Paramount+, no solo sirvió como promoción, sino como una ventana distinta hacia la UFC. Porque sí, los peleadores también necesitan estos espacios. Y cuando el octágono se cambia por una trajinera, lo que queda no son golpes… son momentos.
JO