La transnacional Stanley Black & Decker dice adiós tras medio siglo de historia industrial en Puebla, luego de que este jueves cerró de manera definitiva su planta ubicada sobre la autopista México-Puebla, dejando sin empleo a 600 trabajadores de áreas operativas y administrativas.
El anuncio, hecho en una reunión sorpresa la mañana de este 4 de junio, no solo interrumpió la vida laboral de cientos de familias, sino que dejó al descubierto las verdaderas razones detrás de una decisión que, para los empleados, llegó “sin señales previas”.
¿Por qué ocurrieron los despidos en Black & Decker de Puebla?
De acuerdo con la justificación oficial de la empresa, los despidos masivos responden a graves problemas económicos que volvieron insostenible la operación de la planta. La compañía, con más de 50 años de presencia en Puebla, especializada en la fabricación de herramientas, alegó pérdidas acumuladas y falta de competitividad.
Sin embargo, analistas y líderes empresariales apuntan a una causa de fondo: los reacomodos de la economía global. César Bonilla Yunes, presidente del Consejo Nacional de Organismos Empresariales (COE), explicó:
“Estamos en una economía global y la competencia a nivel continental y mundial es muy fuerte. Entre más global se vuelve nuestra economía, más sensibles son nuestras empresas.”
Esto sugiere que la planta mexicana dejó de ser rentable frente a operaciones en otros países con menores costos laborales, logísticos o arancelarios, o ante la decisión de la corporación de concentrar su producción en regiones con mayores incentivos fiscales.
Aunque el gobierno federal ha implementado medidas para proteger el empleo, Bonilla Yunes advirtió que el contexto es cada vez más complejo: las empresas transnacionales reaccionan rápidamente a crisis, cambios en cadenas de suministro o expectativas de retorno de inversión.
- Economía
Los trabajadores afectados expresaron su malestar no solo por el cierre, sino también por el silencio del sindicato, afiliado a la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM).
El sindicato no intervino durante el anuncio ni anticipó la crisis, lo que refleja una falta de vigilancia sobre la salud financiera de la empresa y una negociación colectiva que no logró generar alertas tempranas.
A pesar de que la empresa está realizando las liquidaciones al 100% conforme a la ley, la preocupación crece, sobre todo entre empleados con más de tres décadas de antigüedad, quienes enfrentan el reto de reintegrarse a un mercado laboral precario a una edad avanzada.
AGA