En 1986 Juan Gabriel cantaba en la abarrotada Plaza Calafia de Toros de Mexicali, esa magia se materializó de la forma más inesperada para una joven, cuyo momento de pura emoción, capturado entonces en cinta y ahora rescatado del olvido, se ha convertido en el corazón palpitante del nuevo documental de Netflix, Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero.
La euforia era tangible. Miles de voces coreaban al unísono cada éxito del ‘Divo de Juárez’. Sin embargo, entre la multitud, una fanática destacaba, Alicia González, con los ojos brillantes y el alma en cada palabra, no solo escuchaba; vivía la música.
Mientras Juan Gabriel entonaba los desgarradores versos de ‘Yo no sé qué me pasó’, la cámara que grababa el concierto para la posteridad encontró su rostro. Ella, ajena a todo lo que no fuera la voz de su ídolo, cantaba con un sentimiento tan profundo y genuino que era imposible no fijarse en ella.
Así relata Alicia González su experiencia con Juan Gabriel
“Ahí estaba llore y llore, pero decía, si lloro, no voy a poder cantar con él. Entonces hacía todo lo posible para que las lágrimas se me secaran”, recordaría años después Alicia con el nuevo documental de Netflix.
Su batalla interna entre la emoción abrumadora y el deseo de no perderse detalle fue testigo de un milagro. El propio Juan Gabriel, desde el escenario, la vio. Y no solo la vio, sino que le pidió a los camarógrafos que la enfocaran.
Entonces, lo imposible sucedió. El artista se acercó al borde del escenario y, con esa conexión única que cultivaba con su público, le dedicó una parte del coro a Alicia. En un instante, el sueño de cualquier fanático se hizo realidad: estaba cantando con Juan Gabriel.
“Mi sueño era cantar con él y se me hizo”, afirma con sencillez en el documental, una frase que resume la culminación de una ilusión.
Frente a la tentación del desmayo o la euforia descontrolada, Alicia aplicó una lógica práctica digna de la mayor de las emociones: “(Pensaba) Si me desmayo me van a llevar a la ambulancia y me van a quitar del concierto, si me brinco la cerca me va a llevar seguridad, entonces, ¿qué hice? Me calmé, me tranquilicé y a cantar se ha dicho, porque a mí me gusta cantar”.
Netflix revive el emotivo momento con una fan de Juan Gabriel
Ese capítulo de felicidad pura quedó archivado en su memoria personal, “en el baúl de las cosas olvidadas”, como ella misma lo describe, hasta que el estreno del documental la rescató.
La viralización de esa escena la puso en el centro de atención, con miles de personas preguntándose quién era esa joven afortunada. “me hizo recordar. Como que fui y lo abrí”, confiesa.
La anécdota de Alicia González es solo una de las joyas que guarda Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero, una producción que explora la vida y legado de Alberto Aguilera Valadez desde sus inicios hasta su trágica partida.
Disponible desde el pasado 30 de octubre en la plataforma de streaming, el documental de cuatro episodios repasa la trayectoria del artista y rescata momentos íntimos como este, demostrando que la leyenda de Juanga no solo vive en sus canciones, sino también en los recuerdos imborrables que creó para sus fanáticos.
ERV