El juicio por el femicidio de Nadia Peraza ha entrado en su etapa más técnica y perturbadora, con testimonios que han conmocionado al tribunal. Agentes judiciales y peritos forenses declararon sobre los hallazgos en el apartamento de San Pablo de Heredia, donde se encontró el cuerpo de la joven madre.
Los investigadores describieron una escena dantesca: restos óseos y tejidos envueltos en papel aluminio, galones de leche conteniendo fluidos y lo que parecían ser partes de la cabeza de la víctima.
También se encontraron tarros de cloro con partes humanas y, lo más escalofriante, envases plásticos comúnmente utilizados para almacenar alimentos que contenían restos procesados.
Esta disposición de los restos ha desatado la hipótesis de posible canibalismo por parte del sospechoso, Jeremy Lozano Paisano.
Los agentes confesaron haber sufrido graves afectaciones psicológicas tras el levantamiento del cuerpo. Uno de ellos declaró que durante casi tres meses no pudo consumir carne y que incluso en la carnicería tenía que voltear hacia otro lado.
Condena de más de 100 años para el culpable
La fiscalía sostiene que esta manipulación de los restos no solo buscaba ocultar el cuerpo, sino que refleja un nivel de frialdad pocas veces visto en la historia criminal del país. El abogado Joseph Rivera solicita una condena de 196 años para el imputado.
La madre de Nadia ha estado presente en todas las sesiones del juicio durante las tres semanas que lleva el proceso, escuchando cada detalle de los testimonios. Los investigadores confirmaron que la refrigeradora donde se encontraron los restos ya fue completamente destruida.
El debate continúa con la revisión de las pruebas de ADN recolectadas en los recipientes hallados en la cocina y la refrigeradora. Faltan aún testimonios de personas que estuvieron cerca del imputado y de otros agentes que participaron en la investigación de este caso que ha conmocionado a Costa Rica.
Identificar a un potencial feminicida no es sencillo, pero existen señales de alerta que especialistas en violencia de género han señalado de forma reiterada.
Entre ellas destacan los celos excesivos, la necesidad de controlar con quién habla o a dónde va la pareja, revisar constantemente el teléfono, aislarla de familiares y amistades, así como minimizarla, humillarla o desvalorizarla en público o en privado.
- Internacional
También es una señal grave cuando una persona justifica la violencia, culpa a la víctima por sus propias reacciones agresivas o muestra antecedentes de maltrato hacia parejas anteriores. Las amenazas, aunque “parezcan broma”, y la obsesión por la posesión son focos rojos importantes.
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