El estrecho de Ormuz se ha convertido otra vez en un punto de conflicto este miércoles cuando fuerzas iraníes abrieron fuego contra tres embarcaciones comerciales, incautando dos de ellas.
Este ataque directo representa una intensificación del asalto a la navegación en una vía fluvial esencial para el suministro energético global, ocurriendo apenas un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, extendiera un alto el fuego mientras mantenía el bloqueo de los puertos iraníes.
Según informaron medios iraníes, la Guardia Revolucionaria escoltó hacia Irán a los buques portacontenedores MSC Francesca y Epaminodes. Un tercer buque, el Euphoria, fue atacado y quedó "varado" en la costa iraní tras recibir disparos que causaron graves daños en su puente.
Aunque no se reportaron heridos entre las tripulaciones, el incidente ha paralizado el tráfico en una zona por la que transita el 20% del petróleo mundial en tiempos de paz.
Impacto global y crisis energética
El cierre parcial del estrecho y la persistencia del bloqueo estadounidense han provocado una conflicto económico que va más allá de las fronteras de Oriente Medio.
Tras los ataques del miércoles, el precio del crudo Brent se disparó a casi 100 dólares por barril, lo que representa un aumento de más del 35% desde el inicio del conflicto. Esta volatilidad ha hecho que los precios de la gasolina, los alimentos y otros productos básicos se disparen a nivel mundial.
El comisario de Energía de la Unión Europea, Dan Jørgensen, advirtió sobre las graves consecuencias a largo plazo, comparando la situación con las grandes crisis energéticas del último medio siglo. Según Jørgensen, la guerra le cuesta a Europa aproximadamente 500 millones de euros diarios.
"Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho, más graves y generalizados serán los efectos".
Señalan los expertos, advirtiendo que la recuperación económica podría tardar años.
Diplomacia estancada
A pesar de la extensión del alto el fuego por parte de Washington, la diplomacia parece haber entrado en un callejón sin salida. Los líderes de Irán han adoptado una postura de negociación más dura, condicionando cualquier avance al levantamiento del bloqueo estadounidense. Mojtaba Ferdousi Pour, jefe de la misión iraní en Egipto, fue tajante al declarar que:
"Ninguna delegación iría a Pakistán hasta que Estados Unidos levante su bloqueo".
Esta estrategia de "toma y daca" refleja la intención de Teherán de utilizar su capacidad para restringir el tráfico marítimo como una ventaja estratégica clave. Mientras tanto, en la capital iraní, la población vive en un estado de incertidumbre constante. Mashallah Mohammad Sadegh, un ciudadano de 59 años, resumió el sentir general:
"¿Va a ser un alto el fuego, paz o la guerra va a continuar? Como están las cosas actualmente, uno no sabe qué hacer".
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Un conflicto de alto costo humano
Desde que las hostilidades comenzaron el 28 de febrero con un ataque sorpresa de Estados Unidos e Israel contra Irán, se han registrado más de 30 ataques contra buques en la región. El costo humano sigue aumentando de forma alarmante: las autoridades informan de al menos 3,375 muertes en Irán y más de 2,290 en el Líbano.
Aunque el alto el fuego actual ha detenido los bombardeos aéreos directos, la persistencia de los ataques en el estrecho demuestra que la amenaza marítima sigue siendo un motor de inestabilidad que amenaza con disuadir cualquier intento de reabrir las rutas energéticas globales sin un acuerdo diplomático sólido.