La maquinaria exportadora de China, motor fundamental de su economía, ha experimentado una desaceleración más profunda de lo previsto durante el mes de marzo de 2026. Según datos de la agencia de aduanas, las exportaciones crecieron apenas un 2.5% interanual, una cifra que contrasta drásticamente con el robusto avance del 21.8% registrado en el primer bimestre del año.
Este enfriamiento se produce en un contexto de creciente incertidumbre global derivada del conflicto bélico en Irán, que ha comenzado a pasar factura a través de la volatilidad en los precios de la energía y una contracción de la demanda internacional.
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Incertidumbre bélica y el shock en la demanda global
El impacto de la guerra en Irán ha alterado las proyecciones de los analistas, quienes esperaban cifras más sólidas para el gigante asiático. Gary Ng, economista sénior para Asia-Pacífico de Natixis, señaló de manera tajante que
"Las exportaciones de China se han desacelerado a medida que la guerra en Irán empieza a afectar la demanda mundial y las cadenas de suministro".
Esta visión es compartida por expertos del Bank of America, quienes advierten que los riesgos para el comercio exterior "surgirán de una desaceleración global persistente de la demanda total si el conflicto se prolonga más de lo que se espera actualmente".Pese a este escenario sombrío, las importaciones chinas mostraron un comportamiento opuesto, disparándose un 27,8% en marzo.
Este fenómeno sugiere que, si bien el mundo está comprando menos a China debido al "shock" energético, el país asiático está reforzando su abastecimiento interno, posiblemente blindándose ante posibles interrupciones en las rutas comerciales clave, como el Estrecho de Ormuz.
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El salvavidas de la alta tecnología y las energías verdes
No todo el informe es negativo para Beijing. El auge global de la Inteligencia Artificial sigue impulsando el sector de los semiconductores, que ha servido de soporte para las ventas externas en el inicio de este año. Además, la crisis energética provocada por la guerra podría, paradójicamente, beneficiar a ciertos sectores específicos de la industria china.
Zichun Huang, economista de Capital Economics, mantiene un optimismo moderado al afirmar que:
"Pese al shock de los precios de la energía, las exportaciones deberían mantenerse sólidas en los próximos trimestres, gracias a la fuerte demanda de semiconductores y tecnologías verdes".
Esto refiriéndose a productos como células solares, turbinas eólicas y vehículos eléctricos. Estos sectores se perfilan como la gran apuesta de China para compensar la caída en otros rubros menos tecnificados.
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Geopolítica y el pulso con Washington
La relación con Estados Unidos sigue siendo un factor de presión constante. Bajo la administración de Donald Trump, los aranceles más altos han provocado que las exportaciones chinas hacia el mercado estadounidense se desplomen un 26,5% en marzo.
Ante este repliegue, China ha intensificado sus esfuerzos comerciales en otras regiones, logrando incrementos en sus envíos a Europa (8,6%) y al Sudeste Asiático (6,9%), además de América Latina.
La mirada de los mercados está puesta ahora en la visita prevista de Trump a Beijing en mayo para reunirse con Xi Jinping, un encuentro que fue postergado precisamente por las hostilidades en Irán.
De este diálogo dependerá en gran medida que China pueda alcanzar su meta de crecimiento económico de entre el 4,5% y el 5% para 2026, un objetivo ambicioso considerando que el consumo interno sigue lastrado por la persistente crisis del sector inmobiliario.