Las altas temperaturas que se registradas últimamente impactan directamente en las granjas avícolas, provocando alteraciones en el cuerpo de las aves que afectan la calidad del pollo y el huevo que llega a tu mesa. Debido a que estos animales carecen de la capacidad de sudar, el clima extremo les genera un estado de estrés severo.
Esto provoca que las gallinas dejen de comer, pongan menos piezas y que el producto final presente cambios notables en su tamaño y resistencia, lo que enciende las alertas entre los productores para evitar pérdidas en el abasto nacional.
El misterio del cascarón frágil: ¿Por qué el calor cambia al huevo?
El cuerpo de la gallina ponedora sufre una descompensación interna cuando el termómetro sube de forma drástica. Al no poder sudar, el ave recurre al jadeo constante para expulsar el aire caliente de su organismo.
Este proceso de respiración rápida genera los siguientes cambios físicos en el producto:
- Pérdida de calcio: El jadeo elimina grandes cantidades de dióxido de carbono en la sangre de la gallina, un componente vital para que su organismo fije el calcio.
- Cascarones delgados: Sin el calcio suficiente, el huevo se forma con una corteza muy delgada, lo que hace que se rompa con extrema facilidad al tocarlo o transportarlo.
- Reducción de tamaño: Como el ave pierde el apetito por el mismo calor, no consume los nutrientes necesarios, dando como resultado huevos visiblemente más pequeños de lo normal.
¿Cómo afecta el clima extremo al pollo de consumo?
El pollo de engorda, destinado a la venta de carne en pollerías y supermercados, también experimenta graves consecuencias debido a las temperaturas elevadas del ambiente:
Menos peso y crecimiento lento
Para evitar que la digestión eleve su temperatura interna, los pollos reducen su consumo de alimento diario. Al comer menos, los animales no alcanzan el peso requerido en los tiempos programados, lo que retrasa su distribución en los comercios.
Golpes de calor mortales
Si la temperatura dentro de los gallineros supera los límites tolerables y el aire se estanca, las aves sufren colapsos circulatorios. Un golpe de calor puede acabar con la vida de cientos de aves en pocas horas, reduciendo la oferta de carne disponible.
Estrategias de emergencia en las granjas
Para frenar este impacto, los avicultores aplican un plan de contingencia que incluye pintar los techos de blanco para rebotar el sol, instalar lluvias de gotas microscópicas (nebulizadores) para enfriar el aire y cambiar el horario de comida a la madrugada, garantizando así que el alimento básico siga disponible para las familias.
Con información de EFE.
ZNR