El Papa León XIV culmina su histórica gira por África

La visita estuvo marcada por una inusual tensión política debido a un intercambio de críticas públicas entre el Santo Padre y el presidente Donald Trump.

A pesar de las controversias, el viaje incluyó momentos de gran emotividad, como visitas a hospitales, prisiones y sitios de relevancia histórica.
África /

El papa León XIV puso fin este jueves a su travesía por el continente africano con una multitudinaria misa en Malabo, Guinea Ecuatorial. Este viaje de 11 días, que abarcó cuatro naciones y más de 17,700 kilómetros, no solo será recordado por el fervor religioso, sino por el inusual y tenso intercambio de declaraciones entre el pontífice y el gobierno estadounidense de Donald Trump.

A pesar de una intensa tormenta que empapó a los 30,000 fieles reunidos en el estadio de Malabo antes del amanecer, el entusiasmo no decayó. El primer papa nacido en Estados Unidos fue recibido con una devoción desbordante, especialmente en las zonas más remotas que nunca habían presenciado una visita de tal magnitud.

Un choque inesperado con la Casa Blanca

Lo que comenzó como una peregrinación pastoral se transformó rápidamente en un punto de discusión debido a las críticas del presidente Donald Trump hacia el Papa por su postura ante la guerra con Irán. 

Durante la gira, Trump acusó al pontífice de ser "blando con el crimen" y de tener afinidades con la izquierda política. La tensión escaló cuando el vicepresidente JD Vance advirtió a León XIV que debía "tener cuidado" al abordar temas teológicos.

Ante estos ataques, el papa mantuvo una postura firme pero conciliadora. En sus primeras declaraciones, insistió en que "sólo estaba predicando el Evangelio de la paz" y aseguró no temer a las represalias políticas. Posteriormente, intentó calmar las aguas atribuyendo la polémica a que los medios sacaron sus palabras de contexto, lo que permitió que el enfoque volviera a su agenda en el continente.

Entre la "colonización" y el clamor por la libertad

La agenda del pontífice estuvo marcada por una fuerte crítica social. León XIV arremetió contra lo que denominó la "colonización" de los recursos naturales de África por parte de intereses extranjeros y lanzó duros mensajes contra el autoritarismo. 

En Camerún, al visitar una zona de conflicto, denunció a los "tiranos" que devastan la tierra, palabras que inicialmente se interpretaron como un ataque indirecto a Washington antes de su posterior aclaración.

Uno de los momentos más impactantes ocurrió durante su visita a una prisión en Bata, Guinea Ecuatorial. Tras un encuentro coreografiado donde los reclusos le cantaron sobre sus pecados, la partida del papa desencadenó un grito espontáneo y ensordecedor de "¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!" por parte de los prisioneros, evidenciando las profundas tensiones sociales del país.

El legado de una peregrinación humana

Más allá de la política, el viaje dejó momentos de profunda conexión personal. Desde tomarse fotos con pacientes en un hospital psiquiátrico hasta rezar el rosario en un antiguo centro de comercio de esclavos en Angola. 

El Papa buscó mostrar un rostro humano y cercano. Incluso hubo espacio para gestos cotidianos, como cuando compró un collar en Argelia aclarando entre risas: "No es para mí, es para mi sobrina".

En su misa de despedida, León XIV también abordó temas locales sensibles, pidiendo que "se arroje plena luz sobre las circunstancias de la muerte" del sacerdote Fortunato Nsue Esono Ayíambeng, miembro de la comisión organizadora del viaje, en medio de rumores de un posible crimen. 

Para fieles como Michaela Mecha, el impacto es claro: 

"Esta visita está acercando a los jóvenes a Dios". 

El pontífice regresa a Roma dejando tras de sí un continente movilizado y un mensaje de esperanza que desafía las fronteras de la política tradicional.


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