El futbol tiene memoria corta, pero también momentos que obligan a mirar dos veces. Cruz Azul pasó de la incertidumbre total a una noche de autoridad en cuestión de días.
La salida de Nicolás Larcamón, tras una racha de nueve partidos sin conocer la victoria y un entorno cada vez más tenso, parecía el síntoma de un equipo roto. Sin embargo, lo que vino después cambió por completo la narrativa.
Con la llegada de Joel Huiqui como técnico interino, el equipo no solo encontró un nuevo discurso, sino una respuesta inmediata en la cancha. El cambio fue tan evidente que inevitablemente encendió el debate: ¿era un tema futbolístico, o algo más profundo dentro del vestidor?
Lo cierto es que Cruz Azul regresó al Estadio Banorte después de mas de dos años con una versión que poco tenía que ver con la que se desmoronaba semanas atrás. Intensidad, orden y contundencia. Tres elementos que habían estado ausentes y que, de pronto, aparecieron juntos en el momento más importante.
El resultado fue contundente: 4-1 sobre Necaxa, un marcador que no solo significó el fin de la mala racha, sino también un impulso anímico clave de cara a la Liguilla. Además, el triunfo permitió a los celestes escalar hasta la tercera posición de la tabla y asegurar un cruce ante Atlas en los Cuartos de Final.
¿Cómo fue el partido entre Cruz Azul y Necaxa de la Jornada 17 del Clausura 2026?
El arranque del partido no anticipaba lo que vendría después. Durante el primer tiempo, Cruz Azul mostró intención, pero no claridad. A pesar del respaldo de su afición y del impulso emocional por el cambio en el banquillo, el equipo no lograba traducir ese empuje en peligro real.
Necaxa, por su parte, fue más incisivo en ciertos momentos, apostando por transiciones rápidas que incomodaron a la zaga celeste. Sin embargo, las oportunidades de ambos lados no fueron suficientes para romper el cero, y el partido se fue al descanso con la sensación de que todo seguía en deuda.
Dos viejos conocidos del Necaxa fueron los encargados de abrir el camino para Cruz Azul en el segundo tiempo. José Paradela y Agustín Palavecino, ambos con pasado en los Rayos, aplicaron la famosa 'ley del ex' para inclinar el partido.
Al minuto 52', una jugada colectiva bien construida terminó con un centro preciso de Carlos Rotondi que Paradela mandó al fondo con autoridad. Fue el gol que rompió el partido.
Minutos después, al 63’, Palavecino amplió la ventaja con un disparo que terminó sorprendiendo al arquero Ezequiel Unsaín. Más que un gol, fue un golpe anímico del que Necaxa ya no se recuperó.
El partido entró entonces en una fase más abierta. Necaxa logró descontar al 71’ desde el punto penal con Ricardo Monreal, generando por un momento la ilusión de una reacción. Sin embargo, esa esperanza duró poco.
Cruz Azul respondió casi de inmediato. Una jugada que derivó en la expulsión de Emilio Lara dejó a los Rayos con un hombre menos, y desde los once pasos, Luka Romero puso el 3-1 al 75’.
Con el partido completamente inclinado, Andrés Montaño cerró la cuenta en tiempo agregado con una jugada individual que reflejó la confianza con la que terminó jugando el equipo.
Más allá del marcador, el triunfo tuvo un valor simbólico importante. No solo rompió la racha negativa, también le permitió a Cruz Azul quedarse con el millón de dólares otorgado al mejor equipo de la temporada 2025/2026, superando en la carrera a Toluca y Chivas.
Pero quizá lo más importante no está en el resultado, sino en la sensación que dejó el equipo. Porque en una sola noche, Cruz Azul pasó de ser un equipo sin respuestas a uno que ilusiona. Y en medio de esa transformación, la pregunta queda en el aire, ¿era cuestión de tiempo o de decisiones?
JO