Política

Vertebral


Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido

Nacional

Llegó una chica muy joven con su cubrebocas y guantes: "Buenas tardes, les dejo el menú mientras lo ven, les ofrezco algo de tomar, limonada, naranjada o refresco", solamente esas tres bebidas ofrecían en el restaurante. Me sentí como en una escena de película post apocalíptica y no lo digo en sentido figurado, lo digo textual. Dos personas más en otra mesa, por supuesto que ambos escuchábamos la conversación de los del lugar de "junto" (tres metros) porque no había música y voltee y me percaté de lo que nunca había visto, los detalles del restaurante, la decoración, los pocos empleados que quedaron limpiaban el piso con una solución sanitizante, había unos candiles exquisitamente bien diseñados, el piso era negro con destellos dorados, maderas en las paredes y los sillones bien ubicados. 

El menú hizo que se me estremeciera el cuerpo, porque vi cuando el gerente del establecimiento entró al restaurante con las cartas en la mano, supongo que venía de la papelería de sacar las copias, porque literalmente era una hoja de máquina con cinco entradas y cinco platos fuertes. La recesión debido a la pandemia obligó a los propietarios de los restaurantes a vaciar sus "stocks" de alimentos y me consta porque una de las personas de la otra mesa pidió un "clamato" y la joven mesera le dijo que sí le podían ofrecer la bebida, pero tenía que esperar un tanto más porque el gerente tendría que salir del lugar para comprar los ingredientes, "nada más limonada, naranjada y refresco, por lo pronto", le dijo.

Luego voltee y vi el techo de "dos aguas" revestido con un vidrio opaco, en tanto un pájaro caminaba encima de la superficie traslúcida. Nadie supo lo que teníamos hasta que lo perdimos, nadie se puede abrazar, ni dar la mano, saludar de beso, nadie puede salir libremente (y no por medidas coercitivas, es simplemente por sentido común), no puede ir un grupo de personas al supermercado, a la tienda, debemos usar cubrebocas, a nadie se ve la cara completa; como un día en un cajero automático, alguien me saludó, "Ángel, cómo estás", tuve qué regresar el saludo con el mismo gusto, pero si me pregunta quién es, ni idea ¿Por?

Qué estúpidos fuimos, que tontos, vacuos y soberbios fuimos, la pandemia maldita nos sometió a todos, a ricos a pobres, a los buenos y a los villanos. Me recuerda (para mal) una canción del gran Joan Manuel Serrat, la fiesta: "Hoy el noble y el villano, El prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha. Juntos los encuentra el sol a la sombra de un farol, empapados en alcohol magreando a una muchacha", literal, así, pero analícelo desde las ciernes de una pandemia, que con una cuenta "choncha" en el banco o sin un solo "cinco" en el bolsillo, la padecemos igual ¿No cree?

Aviso legal

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de TELEDIARIO; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.