CIUDAD DE MÉXICO.- En la Ciudad de México, el oficio más antiguo del mundo no deja de ejercerse a plena luz del día, sin regulación y en uno de los espacios más transitados diariamente por millones de personas: los andenes del metro.
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De manera encubierta abordamos a una sexoservidora en los andenes del metro Revolución. Se le solicitó un servicio estando a un lado la policía capitalina.
Al cancelarle el servicio la chica consiguió otro cliente con el que salió del andén y ambos ingresaron a un hotel ubicado en el perímetro.
Observamos este mismo comportamiento en la estación Hidalgo, donde algunas sexoservidoras permanecen en el perímetro de las estaciones.
Por años, diferentes administraciones han mantenido programas para que este oficio este regulado tanto en lo laboral como en materia de sanidad, pero tal parece que el esfuerzo aún es en vano.
JM