MONTERREY.- Dicen que la fe mueve montañas, y muchos de los internos del penal del Topo Chico tenían depositada su confianza en "La Niña Blanca".
En medio de estos muros, a corta distancia de la aduana, los reos expresaron su devoción.
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Dentro del pequeño cubículo, un rostro se mantiene vigilante.
Es sólo uno, pero el más llamativo altar que los internos del penal del Topo Chico llegaron a instalar.
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