LINARES.- Amparados de la tranquilidad de ser objetos de estudio, varios venados pastan en las praderas de la Universidad, a salvo de los cazadores.
Ha terminado la temporada de cacería, y por algunos meses, los venados pueden respirar tranquilos. Pero en algún lugar de Linares, Nuevo León, varias decenas de ejemplares deambulan a sus anchas en aras de la ciencia.
Es el Centro de Mejoramiento Genético de Venado Cola Blanca Texano, donde 39 machos y 56 hembras son objeto de estudio por parte de investigadores del Centro de Investigación Agropecuaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
Donde durante los últimos diez años han producido venados de alta calidad genética mediante la selección y cruzamiento con fines de enseñanza y repoblación en otras unidades de manejo ambiental, unas, autorizados en varios estados del país.
Es una verdadera fortaleza donde no tienen acceso más que investigadores y estudiantes. En este lugar, hay ejemplares tan bravos, que ha habido necesidad de serrucharle sus astas para evitar que hagan daños.
Otros, francamente son sociables, aunque de pronto pueden decidir quién manda en su territorio.
La cacería del venado es un negocio muy rentable en infinidad de ranchos cinegéticos del país. La cuota para capturar un ejemplar se tasa en varios miles de dólares durante la temporada que inició en noviembre del 2018 y concluyó el último domingo de enero del 2019.
Pero muchos otros deambulan en libertad, en áreas naturales protegidas, aunque suelen ser acosados por cazadores furtivos, que, en caso de ser sorprendidos, son objeto de severas penas de índole federal.
Sin amenazas a la vista, los venados se mantienen protegidos, colaborando a la enseñanza, en un ambiente de paz que debían disfrutar en su estado natural.
ilp