Un hombre de identidad reservada obtiene sentencia condenatoria de 9 años de prisión, por el delito de abuso sexual en agravio de una niña, en el municipio de Mulegé.
La Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Baja California Sur, informó que a través del agente del Ministerio Público de Investigación y Judicialización en la Heroica Mulegé integró la carpeta correspondiente luego de que la parte ofendida presentara la denuncia ante la autoridad.
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De acuerdo con lo expuesto durante el proceso, los hechos ocurrieron el 15 de junio de 2024, donde el sentenciado tomó por la fuerza a la víctima, y realizó tocamientos sin su consentimiento.
El 20 de febrero, el Tribunal de Enjuiciamiento emitió fallo condenatorio al encontrar acreditada su responsabilidad penal.
En la audiencia de individualización de sanciones y reparación del daño, el órgano jurisdiccional impuso una pena de 9 años de prisión y 400 días de multa.
Cuáles son las señales de alerta de un menor que fue abusado
Las señales de alerta en un menor que pudo haber sido víctima de abuso pueden manifestarse primero a nivel emocional y conductual.
Es común observar cambios bruscos en el estado de ánimo, como miedo repentino, ansiedad, tristeza constante o irritabilidad sin causa aparente.
También puede presentarse aislamiento, pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba, problemas para dormir, pesadillas frecuentes o conductas regresivas como volver a mojar la cama. En algunos casos, el menor puede mostrar temor específico hacia una persona o lugar.
En el ámbito físico, pueden aparecer señales como dolor, enrojecimiento o lesiones en zonas íntimas, dificultad para caminar o sentarse, infecciones recurrentes o molestias sin explicación médica clara.
Sin embargo, es importante subrayar que no siempre existen signos físicos visibles, por lo que la ausencia de estos no descarta una posible situación de abuso. Cualquier cambio físico inusual debe ser evaluado por personal médico capacitado.
También pueden presentarse indicadores sociales y escolares, como bajo rendimiento académico repentino, problemas de concentración, conductas sexualizadas inapropiadas para su edad o comentarios que sugieran experiencias que no corresponden a su etapa de desarrollo.
Ante cualquier sospecha, es fundamental escuchar al menor sin juzgarlo, mantener la calma y buscar apoyo profesional inmediato con especialistas en salud mental y autoridades competentes para garantizar su protección y bienestar.
Otra señal de alerta puede ser la resistencia repentina a quedarse a solas con ciertas personas o a asistir a determinados lugares, incluso si antes no mostraba problema alguno.
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El menor podría inventar excusas constantes para evitar encuentros específicos o mostrar nerviosismo intenso ante situaciones particulares.
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