Momentos de verdadera angustia se vivieron la mañana de este lunes en el corazón de las instalaciones navales de Mazatlán, cuando un helicóptero de transporte pesado tipo MI-17, perteneciente a la Secretaría de Marina (SEMAR), estuvo a punto de protagonizar una tragedia tras una falla mecánica crítica durante su fase de ascenso.
La aeronave se encontraba en el helipuerto del muelle del mando naval, lista para emprender una nueva orden de operaciones. Sin embargo, apenas el gigante de acero se despegó del suelo y comenzó a ganar altura, el motor izquierdo sufrió una pérdida total de potencia.
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El ruido característico de las turbinas fue interrumpido por un fallo que obligó a la tripulación a tomar decisiones en fracciones de segundo.
Con la aeronave perdiendo fuerza en un momento de alta vulnerabilidad, el riesgo de un desplome descontrolado sobre las instalaciones militares era inminente.
A pesar de la gravedad de la situación, el entrenamiento de alto nivel de los pilotos de la Armada de México marcó la diferencia entre un accidente fatal y un incidente controlado. Con un motor fuera de servicio, la tripulación logró estabilizar la unidad y ejecutar un aterrizaje de emergencia directamente sobre el punto de donde habían despegado.
Saldo blanco tras el incidente
La SEMAR fue enfática al señalar que, gracias a la destreza del personal de vuelo, no hubo heridos ni víctimas que lamentar. Los elementos navales a bordo fueron evaluados de inmediato, confirmándose que todos se encuentran ilesos tras el fuerte impacto contra la plancha del helipuerto.
Aunque la tripulación salió caminando, el MI-17 no corrió con la misma suerte. La aeronave presenta daños materiales significativos en su estructura y sistemas motrices debido a la fuerza del aterrizaje forzoso.
Expertos y mecánicos especializados de la Marina ya se encuentran en el lugar realizando un peritaje exhaustivo para determinar si la unidad puede ser reparada o si quedará fuera de circulación de manera permanente.