La celebración del Jueves Santo marca un punto de inflexión en la Semana Santa al dar inicio al Triduo Pascual. Es un día de profunda mística y simbolismo para la fe católica, pues conmemora tres pilares fundamentales del cristianismo: la institución de la Eucaristía, la creación del orden sacerdotal y el mandato del amor fraterno a través del lavatorio de los pies.
Este jueves, las familias se reúnen no solo para recordar los eventos bíblicos, sino para vivirlos a través de la oración. El momento central de la jornada evoca la Última Cena, donde Jesús, rodeado de sus doce apóstoles, transformó el pan y el vino en su cuerpo y sangre.
¿Cuál es la Oración que se reza el Jueves Santo?
Para acompañar este momento de unión, se recomienda realizar la siguiente Oración del Jueves Santo, misma que se puede realizar en familia por ser este un día de descanso:
"Gracias Señor, porque nos amaste hasta el final, hasta el extremo que se puede amar: dar la vida por otro.
Gracias Señor, porque en la última cena partiste tu pan y vino, para saciar nuestra hambre y nuestra sed…
Gracias Señor, porque en la eucaristía nos haces Uno contigo, nos unes a tu vida, en la medida en que estamos dispuestos a entregar la nuestra…
Gracias Señor, porque en el pan y el vino nos entregas tu vida y nos llenas de tu presencia.
Gracias Señor, porque quisiste celebrar tu entrega, en torno a una mesa con tus amigos, para que fuesen una comunidad de amor.
Bendice nuestra cena, Señor; bendice a nuestros hermanos más frágiles y enfermos con quienes hoy nos sentimos especialmente unidos; que la fraternidad alumbre para ellos la esperanza. Amén".
Además de la cena, el Jueves Santo destaca el lavatorio de los pies, un gesto de humildad extrema donde el Maestro se hace servidor de sus discípulos, dejando una lección de amor y servicio que la Iglesia repite año con año.
Posteriormente, la liturgia nos traslada a la oración en el huerto de Getsemaní, el pasaje que describe la angustia y entrega de Jesús antes de ser detenido.
En memoria de este velo de agonía y confianza en el Padre, los templos suelen reservar la Hostia consagrada en un "monumento" o altar especial, donde los fieles acuden a adorar y acompañar al Señor en su pasión hasta el Viernes Santo.
LG