Con una gorra de color rosa, a medida plaza de Armas, Rebeca de 8 años llama la atención de los peatones. “Mira lo que hizo”, dice una niña que va agarrada de la mano de su mamá cuando la ve hacer “el Boomerang”, una suerte popular en los niños de los noventas.
Su papá, Roland Rivera, la observa orgulloso y la graba con su celular. La menor hasta se motiva más, baila el trompo fosforescente sobre el suelo y con la cuerda hace el “cohete”, el trompo cae en su mano y sigue bailando. Le salió perfecta la suerte a la niña.
Su padre cuenta que es una forma en la que la menor que estudia el tercer grado de primaria, se mantiene lejos de los videojuegos y del celular, algo que es muy común entre los estudiantes de esa edad, pero que algunos padres utilizan como si fuera una niñera virtual.
Rebeca tiene ya 8 años, aprendió a bailar el trompo a los 7 y cada vez más perfecciona sus habilidades, tal como lo hacían los niños de los noventas y los ochentas cada temporada de verano, que se veían en las plazas, en las calles y en zonas donde se reunían a jugar.
¿Cómo nació la tradición del trompo?
La tradición del trompo tiene raíces muy antiguas y se remonta a miles de años atrás. Aunque hoy se asocia principalmente con la infancia y los juegos populares en países de América Latina, Europa y Asia, este juguete ha existido desde civilizaciones antiguas como la griega, la romana y la egipcia.
Se han encontrado trompos elaborados con barro, madera y piedra, lo que demuestra que ha acompañado a distintas culturas a lo largo de la historia.
Su origen está ligado a la necesidad humana de crear entretenimiento a partir de objetos sencillos. Con el tiempo, el trompo se convirtió en un símbolo de destreza, paciencia y habilidad, ya que hacerlo girar correctamente requiere técnica y práctica. En muchos lugares, también era una forma de convivencia entre niños y adultos, generando competencias amistosas.
- Comunidad
En América Latina, el trompo llegó durante la época colonial, traído por los españoles, y rápidamente se adaptó a las costumbres locales. En México, por ejemplo, se volvió un juego tradicional presente en plazas, calles y ferias.
Más allá de ser un simple juguete, el trompo representa una herencia cultural transmitida de generación en generación. Su permanencia hasta la actualidad demuestra su valor como parte de la identidad popular y de las tradiciones que unen a las comunidades mediante el juego.
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