No es de extrañar, pues, que haya en su gobierno rasgos de populismo, como el que vimos recientemente en su reacción contra el dictamen del comité contra las desapariciones forzadas de la ONU.
Lo hizo como López Obrador lo habría hecho, es decir, descalificando al organismo, infamándolo incluso.
Yo creo, sin embargo, que ese espacio de maniobra, ese margen que tenía López Obrador para actuar así, para ser un populista, que polarizaba, que agredía a sus adversarios, ya se agotó.
La realidad es que una economía en problemas como la mexicana, con un presidente de Estados Unidos hostil como Donald Trump, obligará pronto a la presidenta a resolver su contradicción entre populismo y racionalización, incluso posturas científicas.
Y lo va a resolver, lo va a tener que resolver, creo yo, abandonando el populismo.
No me parece que tenga, insisto, ya margen de maniobra para las ocurrencias y la religiosidad obradoristas. Lo veremos pronto.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de TELEDIARIO; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Soy politólogo (doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford) y fui político (diputado federal y expresidente nacional del PRD, entre otras cosas). Estoy jubilado y actualmente me dedico a escribir.