Primero, los mexicanos ya vimos esta película. Es importante descabezar a una organización criminal, pero si no se continúa el trabajo desmantelando su estructura paramilitar, financiera y de apoyo político, no sirve de nada. Ya lo hemos visto.
Vimos que es tan malo dar de garrotazos al avispero —como decía López Obrador— como abrazarlo —como hizo López Obrador—. Entonces, ¿qué sigue?
La pregunta es: ¿qué van a hacer? Y particularmente, ¿cómo van a atacar, desmantelar o simplemente contrarrestar el apoyo político?
Existen, por supuesto, alcaldes y gobernadores vinculados a estas organizaciones.
En este punto hay que alejarse de partidarismos: es México, no la 4T, lo que está en juego.
Segundo, la reforma electoral. ¿Para qué? ¿Cuál es el propósito de esta reforma, especialmente en estos momentos?
Lo único que se percibe es el deseo de convertir a Morena en el nuevo partido hegemónico. Eso sería un retroceso para México; volver al siglo pasado, a los tiempos en los que el PRI lo manejaba prácticamente todo.
Quitarle recursos a los partidos es desnivelar la cancha. Eliminar a los plurinominales —la mitad en la Cámara de Diputados y todos en el Senado— es suprimir la representación de las minorías y aumentar la sobrerrepresentación de Morena.
¿Para qué? "¿Pero qué necesidad?", diría el clásico.
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Soy politólogo (doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford) y fui político (diputado federal y expresidente nacional del PRD, entre otras cosas). Estoy jubilado y actualmente me dedico a escribir.