Me conmovió la historia escrita por el reportero de MILENIO, Alan Castellanos, en un estado donde la gente parece haberse acostumbrado al horror cotidiano: desapariciones constantes y hallazgos de restos humanos en bolsas negras, tratados como si fueran basura.
Esta es parte de la crónica publicada en milenio.com por Castellanos, que vale la pena retomar de manera íntegra:
“Era 20 de enero de 2026. Un hombre recorría en su triciclo, como cada tarde, las calles del fraccionamiento Valle de Tejeda, en el municipio de Tlajomulco, al sur de la zona metropolitana de Guadalajara.
Escudriñaba los botes de basura en busca de algo de valor. Su rutina era un engrane más del barrio. Pero esa tarde, la normalidad se rompería para siempre.
El hombre se detuvo frente a un contenedor gris, en un pequeño parque, justo debajo de la mirada giratoria de una cámara de vigilancia del C4. A unos metros, un grupo de trabajadores aguardaba, puntual, el camión que los llevaría a su turno. Nadie prestaba atención a la búsqueda minuciosa entre las bolsas de desecho, hasta que un grito desgarrador cortó el aire: ‘¡Aquí hay un bebé!’.
El camión de personal llegaba en ese mismo instante. Nadie subió. Todos corrieron hacia el bote de basura. Lo que encontraron los dejó sin palabras: el cuerpo de una recién nacida, abandonado entre los residuos.
Lo que siguió fue el despliegue frío y protocolario de las autoridades. Primero llegaron dos policías en motocicleta, quienes acordonaron el área con cinta amarilla de Línea Policial. Después arribaron los Servicios Médicos Municipales; el paramédico solo pudo confirmar, vía radio, la trágica evidencia. Finalmente, la escena se selló con la llegada de la camioneta blanca del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, conocida coloquialmente como ‘la panadera’, que trasladó el pequeño cuerpo para la necropsia de ley.
En cuestión de minutos, el parque tranquilo se transformó en un cruce de miradas horrorizadas, uniformes oficiales y el zumbido constante de las cámaras de televisión.
Dos días después, a 25 kilómetros de distancia, las autoridades ofrecieron un parte informativo con escasa claridad. En una rueda de prensa, el vicefiscal regional Alejandro Torres Ramírez descartó que los padres fueran adolescentes e informó sobre una revisión en hospitales de la zona.
Sin embargo, una frase resonó con amarga ironía: ‘Las cámaras están en funcionamiento, pero hay un punto ciego y no se alcanza a ver exactamente cuándo fue el abandono’.
La tecnología diseñada para verlo todo falló en captar lo esencial.
En el mismo lugar donde la cámara tuvo un punto ciego, la comunidad decidió abrir los ojos. El hecho marcó profundamente a las familias de Valle de Tejeda. Ante la imposibilidad de comprender quién pudo abandonar a la bebé, tomaron una decisión colectiva: sus restos merecían un descanso digno.
Así nació un movimiento vecinal espontáneo. Comenzaron a recolectar firmas para reclamar el cuerpo en el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses y poder darle una sepultura cristiana.
‘Es lo que estamos haciendo aquí los vecinos… queremos hacer una capillita en su honor’, explicó Alejandra, quien sintió que el corazón se le partía con la noticia y se convirtió en una de las principales impulsoras”.
Hasta aquí la crónica, limpia de polvo y paja, de Alan Castellanos, que puede leerse completa en Milenio.com.
La reacción de los vecinos fue más allá de levantar una capilla. Este lunes nombraron a la bebé María Guadalupe y continúan organizados para darle sepultura y convertir el contenedor en un altar.
Se trata de un acto de resistencia moral en un estado donde la violencia y la impunidad normalizaron la desaparición y el abandono de cuerpos. Este gesto colectivo reafirma el valor de toda vida, por efímera y truncada que sea.
Los vecinos de Tlajomulco intentan restaurar dignidad donde las instituciones fallaron. No se sabe si los padres mataron a la bebé o si solo abandonaron su cuerpo. La cámara de vigilancia no captó al responsable, pero la comunidad sí captó la necesidad de actuar con compasión.
Este movimiento parece negarse a normalizar la barbarie y revela algo crucial: frente a la incapacidad del Estado para proteger, identificar o enlutar a las víctimas, la sociedad civil busca sus propios rituales de duelo. El altar con veladoras, juguetes y flores no es solo un homenaje a la bebé, sino un símbolo de rechazo a la indiferencia.
La pregunta que sigue dándome vueltas en la cabeza es inevitable: ¿por qué esta muerte moviliza a la comunidad cuando, todos los días, hay personas desaparecidas y restos sin identificar en fosas comunes?
Surgen varias respuestas. La víctima es una recién nacida, lo que despierta un instinto protector y una indignación más visceral. El hallazgo ocurrió en un parque local, un espacio cotidiano y supuestamente seguro. Las limitaciones institucionales y las carencias burocráticas se volvieron evidentes. La violencia tocó de forma directa el entorno inmediato de los vecinos.
Todo esto ocurre en una realidad donde las víctimas adultas de la violencia suelen convertirse en cifras o expedientes anónimos, dentro de una crisis masiva que resulta abrumadora e inabordable para el ciudadano común. En Jalisco, hay más de 15 mil personas no identificadas.
Ahora falta que la Fiscalía local, encabezada por Salvador González de los Santos, responda a la demanda social y determine si entrega o no el cuerpo a los vecinos para dar sepultura a la bebé. Cualquier decisión sentará un precedente en Jalisco.
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Alejandro Sánchez
Cuenta historias que duelen y transforman desde hace 28 años.
-Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter | Finalista del Premio Gabo (FNPI Colombia).
-Director Editorial de Multimedios Jalisco| Columnista y conductor en radio/TV.
Pluma y cámara en zonas de conflicto:
- Guionista de "La Ley del Monte" y "Voces de Guerrero" (documentales sobre la guerra no declarada en Michoacán y Guerrero).
- Autor de "Las Mieles del Poder" (Random House): retrato íntimo de la política mexicana.
- "19 edificios como 19 heridas": crónica visceral del ¿por qué el sismo nos pegó tan fuerte?
Colaboraciones: Medios nacionales e internacionales.
Objetivo: Periodismo que escarba donde otros solo rascan.