Dentro del acompañamiento con padres de familia, hay algo que me gusta decirles todo el tiempo. El adulto somos nosotros los padres, no los niños.
Por lo tanto, la crianza tiene que ser acompañada en la cotidianidad, en la constancia y en el límite.
Aquí el punto nodal de todo esto, de la construcción de seres sociales, es el límite. Y voy a decir una palabra que para todos es complicada de escuchar, incluso es aversiva. “No”.
Tenemos que aprender a decir “No”.
No puedes tocar eso porque está caliente, no puedes salir tan tarde, tienes que hacer la tarea, no puedes jugar en este momento. Entonces, el “no” nos humaniza.
Hay una autora francesa que se llama Françoise Dolto y dice, el “No” nos inscribe en el orden social. Y sí, en la crianza tenemos que aprender a decir “no”.
Decir un “no” no trauma a nadie, todo lo contrario, los estructura. Los límites nos estructuran y en la infancia, en la crianza, los niños necesitan estructura en el cotidiano.
Por lo tanto, necesitan tener una hora para levantarse y una hora para dormirse. No se pueden dormir a la hora que quieran. Necesitan un horario para jugar, horario para hacer tareas, horario para aburrirse.
Entonces, papá y mamá, abuelos, tíos, todos los que participamos en la crianza, maestros; tenemos que aprender a decir “no”. Un “no” nos inscribe en el orden social.
Un “no” nos ayuda a crecer. Siempre la falta nos va a llevar a desear más cosas. Y al desear construimos sueños y proyectos.
Por lo tanto, el día de hoy los invito a reflexionar sobre la crianza. Una crianza que acompaña en la construcción de sujetos que pueden crear nuevos órdenes sociales, que pueden crear una comunidad de respeto, una comunidad de construcción, de solidaridad, pero sobre todo, del saber ser éticos.
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