Su frase me dejó pensando. No se trata de que, al dedicarte al arte, dejes de sentir sinsabores o desavenencias; se trata de aceptarlos, experimentarlos y vivirlos para, a través de la creatividad, transformarlos y salir lo mejor posible —o menos dañado— de cada situación.
Porque sí, el arte es un conducto. El arte sana y es capaz de recibir todas esas emociones, incluso aquellas que no sabemos cómo nombrar. Tener el arte de tu lado es un don que no pertenece solo a los profesionales.
He escuchado a muchas personas decir que desean retomar esa disciplina que alguna vez amaron para volver a explorar y sentir.
Uno de nuestros principios es perderle el miedo al ridículo y dejar de lado los juicios de valor.
Si bien la autocrítica es importante, no puede ir por delante de la creación, pues de lo contrario, no haríamos nada. Quedarse en la comodidad es seguro, pero dejaría al ser con un nudo de emociones.
El arte necesita ser expresado y cargado de sentimientos, desde los momentos sublimes hasta los golpes de la vida que nos conmueven a nosotros y al mundo.
El arte prevalece. Así como hay grandes figuras exitosas, otros artistas fueron eclipsados o devaluados, pero cuando tienes el arte de tu lado, buscas cualquier medio para transmitir tu obra.
Al final, si logras observar tus días con la misma contemplación y gratitud con la que aprecias una pieza en un museo, entonces el arte estará contigo.
No te olvides de hacer un espacio para el arte.
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Artista escénica y directora de las compañías Teoría de Gravedad, Fundación Danza Regia A.C. y el Laboratorio de Danza Contemporánea de la UANL. Coordinadora de talleres culturales en Casa Hogar León Ortigosa. Con más de 35 años de trayectoria. Licenciada en Ciencias de la Comunicación; participa como opinión especializada en medios como Telediario.