La doble moral del fútbol

Fascinación Jiménez

La Mirada Diversa

México /

Antes que nada, quiero dejar algo claro: me gusta el fútbol y lo disfruto. Lo que no disfruto es la doble moral con la que como sociedad juzgamos las manifestaciones públicas dependiendo de quién las protagonice.

¿Cuántas veces hemos escuchado que en las marchas del 8M “no son las formas”, que las pintas en las paredes son vandalismo o que las trabajadoras de limpieza tendrán que limpiar todo al día siguiente? ¿Cuántas veces, cuando se trata de una marcha del orgullo LGBT+, se repiten comentarios sobre que las personas “se exhiben demasiado” o que “así no deberían manifestarse”?

Sin embargo, cuando hay un partido importante de fútbol —y este Mundial ha sido un claro ejemplo— pareciera que las reglas cambian. Hemos visto personas celebrando semidesnudas o desnudas, derribando señalamientos de tránsito y semáforos, destruyendo puestos de revistas, dañando mobiliario urbano, rayando paredes, orinando en la vía pública, protagonizando conatos de violencia y dejando toneladas de basura en las calles. Y, aun así, son pocas las voces que condenan esos actos. La explicación parece ser simple: “es el Mundial”, “es el fútbol”, “la gente solo está celebrando”.

La diferencia en la reacción social es evidente. Cuando las madres buscadoras cierran una avenida para exigir que el Estado encuentre a sus hijos e hijas desaparecidas, abundan las quejas por el tráfico y las molestias que generan. Pero cuando las calles se cierran por un evento deportivo, la mayoría lo acepta con naturalidad e incluso adapta su rutina sin mayor cuestionamiento. Sabemos por dónde no pasar, qué vialidades estarán bloqueadas y lo asumimos como parte de la fiesta.

¿Por qué una celebración deportiva merece más tolerancia que una protesta por justicia, igualdad o derechos humanos? ¿Por qué somos más comprensivos con los excesos del entretenimiento que con las exigencias de quienes históricamente han sido ignorados o vulnerados?

No se trata de dejar de apoyar al deporte ni de renunciar a la pasión por el fútbol. Se trata de reconocer que la empatía no debería depender del tema que nos convoque. Si condenamos las pintas, el desorden o las afectaciones a la movilidad en una marcha social, tendríamos que ser igual de críticos cuando ocurren durante una celebración deportiva. Y si somos capaces de comprender las molestias que implica un festejo futbolero, también deberíamos comprender las razones por las que miles de personas salen a las calles para exigir derechos, justicia o simplemente ser escuchadas.

La verdadera afición por un deporte puede convivir con el respeto a las causas sociales. Lo que no debería seguir existiendo es una sociedad que normaliza unos excesos mientras criminaliza otros, dependiendo de quién ocupe el espacio público. Porque cuando el entretenimiento recibe más comprensión que la lucha por la dignidad y los derechos, el problema ya no está en las calles: está en nuestra escala de valores.


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  • Fascinación Jiménez
  • “Soy licenciada en ciencias y técnicas de la comunicación , actualmente estoy cursando la licenciatura en criminología, investigación criminal y criminalística. Soy defensora de los derechos humanos y activista desde hace 24 años, fundadora de la marcha del orgullo de Guadalajara y presidenta de la asociación civil Unión Diversa de Jalisco, desde donde he impulsado la agenda de diversidad sexual y los derechos de las mujeres."
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